Vivir sin pausa

Vivir sin pausa

estresLas tensiones de la vida cotidiana constituyen un factor de riesgo para la salud. Cuáles son las dolencias femeninas que genera un modo de vida cargado de obligaciones y presiones. Ejercicios y consejos para prevenir antes que curar.

La adquisición de derechos e igualdades otorgó a la mujer una posición en la sociedad por la que luchó durante años. Así es que, del mismo modo que a los hombres, a ellas las desbordan las tensiones laborales, las enfurece el caos en el tránsito que retrasa sus compromisos y les quita el sueño una discusión con su jefe. Pero, además, el reloj biológico (que muchas veces es más ajeno que propio), un familiar enfermo, las compras de la semana, el turno con el pediatra, el faltazo sin aviso de quien cuida sus hijos y el divorcio de la mejor amiga ocupan un lugar no menos importante en sus cabezas.

Algunos expertos aseguran que el estrés puede derivar de algo que ocurre a nuestro alrededor o de lo que ocurre en nuestro interior. La causa bien puede ser un problema laboral, una crisis familiar o un ataque de ansiedad o inseguridad.

Las mujeres tienen una fisiología diferente a la de los hombres donde el peso de las hormonas hace que el estrés le afecte de un modo distinto, si a ello le sumamos el hecho de que sus responsabilidades en ocasiones abarcan desde el campo laboral al familiar (cuidado de hijos e incluso de familiares ancianos), su realidad se ve entremezclada por otros muchos factores que derivan en unas situaciones de estrés muy claras, donde su cuerpo se verá afectado por cambios distintos al de los hombres.

Diversos estudios admiten que las mujeres son más sensibles que los hombres al estrés, sin embargo, gracias a los estrógenos lo afrontan mejor y son más resistentes; además las mujeres enfrentan al estrés de un modo más lógico y verbal que los hombres, estrategias que las hace ser más hábiles ante esta dimensión.

Debido al estrés, las mujeres pierden a veces el interés por la comida, por las relaciones sexuales o por los amigos, exactamente igual que los hombres. Pero además, las mujeres experimentan algunas formas de estrés que les son totalmente propias.

Así, padecerán estrés derivados de su fisiología (menstruación, embarazo y menopausia), estrés derivados de los cambios de vida (el matrimonio, la maternidad, el divorcio, la viudez y la reorganización de la vida cuando los hijos son mayores) o estrés propio de las crisis vitales (la atención a los padres enfermos, el cuidado de un hijo).

Cuáles son los efectos del estrés que comúnmente aquejan a la salud de las mujeres:

-Enfermedades que afectan al corazón: al sufrir de estrés, se puede elevar la presión arterial y esto puede causar ataques cardíacos.

-Trastornos en el ciclo menstrual: como las hormonas sexuales y las que se producen por el estrés se regulan por la misma glándula, que es el hipotálamo, pueden producirse diferentes problemas en la ovulación, irregularidad en el período o infertilidad.

– Sentimiento de malestar en las extremidades superiores: está asociado a malas posturas, movimientos muy repetitivos e intensos, un ritmo de trabajo acelerado, vibraciones de manos y brazos o levantar cargas u objetos muy pesados.

-Molestias en la piel: el estrés excesivo puede causar descamación, irritación, resquebrajamiento y picazón. También, puede propiciar la aparición de acné, excesiva caída del pelo, uñas quebradizas y erupciones.

-Problemas digestivos: se presentan sin una causa aparente, pero en realidad son producto del cansancio y las tensiones del día. Gastritis, náuseas, diarreas, inflamación y dolor abdominal son los más comunes.

Afrontar el estrés

Si hay algo negativo en el estrés es que quita años de vida, envejece y altera gravemente la salud. El cuerpo se llena de toxinas y día a día es más difícil tomar nuestra cotidianidad con la misma fuerza y ánimo de antes. Hay que poder tomar las riendas de la situación y actuar en consecuencia.

-Identificar la causa de los problemas e intentar solucionarlo siempre con el apoyo de familiares o amigos, junto a algún profesional de la salud.

-Buscar tiempo para uno, aunque sea una hora al día, para pasear, escuchar música y sentirse bien consigo mismo.

-Establecer prioridades y vigilar los estados de ánimo: en la vida hay que saber qué es lo importante, y la salud es un pilar fundamental. Pensar qué situaciones son las que generan angustia y de qué modo abordarlas mejor.

¿Qué alimentos ayudan en los episodios de estrés?

Especialmente las vitaminas A, C y E, que contienen un gran aporte de radicales libres: zanahorias, melón, brócoli, espinacas, batatas, tomates y frutos secos.

La vitamina B fortalece el sistema nervioso central y tiene un efecto sedante: levadura de cerveza,  cereales, la palta y el repollo.

Los minerales son también indispensables: el magnesio tiene propiedades muy indicadas para los estados de estrés, además del calcio y el potasio son básicos. Se encuentran en las frutas y las verduras.

El fantasma de la infertilidad

El estrés severo puede alterar el sistema de reproducción femenino, ya que  produce amenorrea o ausencia de menstruación que, en muchas ocasiones, sucede a mujeres que están sometidas a situaciones de gran ansiedad. Otro factor de riesgo importante, tanto para alteraciones menstruales como para dificultar los embarazos, es la mala alimentación, que genera pérdidas de peso responsables, a su vez, de variaciones del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal.

Practicar deporte y técnicas de relajación o simplemente desarrollar alguna actividad motivadora puede mejorar el estrés y, de manera secundaria, la salud y, con ello, la fertilidad.  Asimismo, el hecho de que  las mujeres demoren cada vez más la maternidad por encima de los 35 años, y en muchas ocasiones por encima de los 40, hace que los ciclos puedan ser anovulatorios con mayor frecuencia (ciclos menstruales en los que no se ovula), lo cual contribuye a que no se logre el embarazo con la misma facilidad. Así, el porcentaje de gestaciones espontáneas, sin ayuda de técnicas de reproducción asistida, es menor en este rango de edad que por debajo de los 30 años. En muchas ocasiones es preciso el control y el seguimiento por especialistas, como en casos de obesidad, sobrepeso o peso excesivamente bajo.

A veces, para tratar de aliviar el estrés se adoptan comportamientos poco saludables, ya que hay cierta tendencia a la mala alimentación y al consumo de tabaco y/o alcohol. Estos conductas pueden hacernos sentir mejor a corto plazo, pero a la larga resultan perjudiciales. Practicar deporte y técnicas de relajación o simplemente desarrollar alguna actividad motivadora puede mejorar el estrés y, de manera secundaria, la salud y, con ello, la fertilidad.

Ejercicios básicos

En la búsqueda de soluciones sencillas y eficaces para evitar males mayores, desde la kinesiología se propone una serie de distintos ejercicios y formas para prevenir estos cuadros de estrés, con la idea de que prevenir es actuar doblemente y con mayor eficacia, es adelantarse a los hechos y curar:

– Realizar estiramientos de respiración activa y pasiva para trabajar de una manera fácil y más relajada.

– Llevar a cabo ejercicios grupales en la oficina con el fin de generar calma y reducir las situaciones tensionales.

Evitar el sedentarismo y promover la salida a la pasividad con acciones de elongación y relajación.

No utilizar herramientas demasiado grandes o pesadas para evitar las posturas de agarre incómodas o forzadas de la muñeca y los dedos o la sobrepresión de distintas zonas de la mano.

Controlar la columna: acostarse en el piso, manteniendo los abdominales apretados sin que se despegue la espalda, y elevar ambas piernas estiradas. Luego ir despegando la pelvis lentamente hasta poder ubicar las manos por encima de las caderas.

Relajar flexores de los dedos en aquellas personas que pasan largas horas con el teclado o el mouse.