”Vivir con alegría también es una elección”

”Vivir con alegría también es una elección”

andrea-pietraActriz ineludible de los últimos veinte años en televisión, cine y teatro, Andrea Pietra disfruta un presente de plenitud con su incorrecta Estela, personaje que cada noche aparece en la telenovela La Leona. Y también feliz en la intimidad de su vida real, junto a su hija y su marido. Con ellos construye una linda historia de amor sin fronteras.

“Elijo los trabajos que no me aburran. Busco los papeles que me tengan inquieta hasta último momento; esos que cargan mucha adrenalina por el riesgo. Y luego, en general, me enamoro de ellos”, dice la actriz Andrea Pietra, que en La Leona compone una querendona y desbordada Estela, y avanza, “con el protagónico de la película Tuya lo que me pasó es que no entendía mi personaje hasta que me cayó la ficha de lo que era mi personaje Inés, una semana antes. Me costó entender por dónde pasaba su pena, su vulnerabilidad, parecida a mi Estela de hoy. Y eso que Estela va con calzas brasileñas, algo que hizo que junto a Nancy Dupláa nos internáramos en un gimnasio antes de entrar en el vestuario (carcajadas). ¿Quién se banca una calza de flores en cámara?”, dice una de las inseparables amigas de la obrera textil María Leone en la novela de telefe. 

“Al principio me daba un poco de vértigo ya que Estela es bastante incorrecta. Siempre estuvo claro en el personaje que su motivo es el desamor; ella es de esas mujeres que manotean lo que vengan y, a pesar de ella, se mandan macanas. Era un desafío para mí interpretar un mujer que mete la pata con sus amigos y vive con una alegría mentirosa”, enfatiza la actriz que protagoniza uno de los éxitos del 2016, una historia que mezcla los condimentos de la novela clásica con fuertes cuotas de actualidad social, y un elenco de potentes actores como Miguel Ángel Solá, Dolores Fonzi, Hugo Arana y Susú Pecoraro, entre otros, y adelanta con una sonrisa, “Estela se manda muchas cagadas hasta el final, ¡no saben cuánta más!. Y también tiene un alegría que acompaña para seguir adelante con su vida; eso es  en lo único que nos parecemos”, dice la actriz que se reencuentra con Nancy Dulpláa tras su entrañable participación como Mía, en la serie televisiva Socias.

Cualquier parecido con la realidad….

Hay una complicidad femenina que hace muy verosímil los diálogos entre las mujeres de la ficción.

-Con Nancy somos muy amigas. Pero además me gustó mucho armar un cuarteto femenino en el que se cuentan sus cosas y donde cada una va sacando la ficha de la otra sin juzgarse; parecido a lo que pasa en la vida. Ese micromundo femenino no es común de verlo en novelas que giran en torno a varones. Cómo se teje la amistad entre mujeres, y mostrar lo que nos pasa a las mujeres en el ámbito del trabajo, es novedoso en este formato. Incluso un personaje como July –Mónica Antonópulos– también es querible, te parte el corazón, porque está tan sola como Estelita y echa mano a lo peor del ser humano para que la respeten y la quieran. Ese personaje bordea la locura. 

Esas complicidades tan creíbles… ¿es mérito de los autores o de los actores?

– Los autores Susana Cardozo y Pablo Lago  le aportaron mucha fluidez a personajes tan carnales; tienen ese estilo. Yo había trabajado con ellos en Locas de Amor y ½ Falta. Creo que muchas veces los problemas en las tiras ocurren cuando los actores llegan aburridos porque sus roles tienen poco que decir.  Pero cuando cada uno tiene una criatura con un recorrido propio, a la cual le pasan tantas cosas, estás muy enganchada con lo tuyo. Algo así me pasaba en Mujeres Asesinas, donde cada uno fluye  y colabora para crear un buen producto. 

Es raro para Uds. ver el producto ya terminado, ¿no?

Es extraño hacer un programa y no verlo al día de lo siguiente. Pero eso te da una confianza y un relax único. Nadie quería cambiar el relato o matar un personaje por un punto de rating.

-Otra cosa es ver que la novela anticipa varias situaciones de la realidad.

-Y hay cuestiones que -pese a haber sido grabada hace un año- parecen salidas del diario de ayer, con flexibilización laboral, despidos y fábricas tomadas. Era una novela que debería haberse emitido en abril del año pasado, y por decisiones de programación se fue dilatando. Verla ahora, en este contexto, es muy fuerte (silencio).

 -¿Ustedes grabaron en una fábrica que fue efectivamente recuperada?

– La novela se filmó en Alcoyana, una de las fábricas recuperadas y nos sirvió de mucho porque los mismos obreros nos contaron cómo fue el proceso de reconquistar sus puestos de trabajo y hacer rentable la fábrica. Nos enseñaron algo del manejo de las máquinas. Con esta base -ya los autores habían investigado para hacer creíble la historia- creemos que algunos se sentirán  tocados y otros reflejados. Es increíblemente oportuno ver esto con lo que ocurre por estos días y  si toca a los que toman decisiones, mejor.

Zapatos mágicos

Los zapatitos mágicos llevaron a una niña de clase media comerciante, que jugaba y jugaba sin parar ante el espejo y que había quedado deslumbrada de adolescente con la actuación de Julio De Grazia, a las puertas de la televisión. Pero no fueron los zapatos rojos del Dorothy, la niña del Mago de Oz. Fueron los zapatos en una bolsa de la zapatería familiar. “Yo venía estudiando desde los catorce y a los 21 mi maestro Carlos Gandolfo nos incentivaba a presentarnos en los castings. En ese tiempo, yo estaba a cargo de la zapatería de mi papá, así que iba y venía de los estudios en el horario del almuerzo con cajas de zapatos que retiraba de la fábrica. En el año ‘89 audicioné en Así son los míos en Canal 13 y, tras varias pruebas, que yo hacía mirando el reloj para abrir el local a las cuatro, el productor me indica que al otro día debía firmar un contrato. No lo escuché. Y recibí el reto: “Andrea, ¿vos querés ser actriz o zapatera?. Venite mañana a firmar el contrato”.

Recuerdo que me senté en un banco de la plaza Constitución a llorar, no entendía lo que había pasado. Una semana más tarde, senté a mis viejos, y les anuncié que renunciaba para trabajar en la televisión”, afirma la actriz de Poliladron, entre otros sucesos, además de participar en quince películas como Bajo bandera.

Claro que para una familia sin vínculos en el mundo del espectáculo era una situación extraña. Pero Andrea siguió firme en una senda que la colocó en los principales elencos de la productora Pol-ka de todas las épocas, protagonizando a la dura deportóloga de Sos mi hombre en 2013.

“Mis viejos eran reticentes y al principio lo tomaron como un hobbie. Mi mamá lo que recibía era lo que podía leer en  las revistas. Después cuando realmente fui reconocida por mi trabajo, en los años de Sabrina, de Verdad/Consecuencia,  algo que en el fondo ellos no esperaban por sus miedos, fueron los primeros fans. Mi mamá siempre me decía que nunca imaginó que me fuera tan bien y por suerte pude disfrutarlo con ella (pausa). Ahí uno se da cuenta que los padres -por miedo- te limitan las elecciones; para ahorrarte un golpe tal vez desmotivan a los hijos en algo que puede ser su vocación”, argumenta la actriz que también es mamá Andrea y la protagonista  de un milagro de amor: adoptó a Stephanie, una niña haitiana.

Amores verdaderos

Mejor hablamos de Ani. “Eso fue un flash”, se emociona Andrea cuando recuerda a su madre y cómo se cruzó con la luz que entró a su vida hace seis años. “Todo el mundo piensa que Stefi  se llama Ana como mi mamá,  que no la conoció (una lágrima). Anita fue como un mensaje de mi vieja, pero Stefi no permite que la llamemos por su nombre desde que pudo hablar. De hecho, hoy que la llamo por su nombre biológico, que es el que conserva junto al apellido de su familia haitiana porque queremos preservar su identidad, me pelea porque se quiere llamar Anita”. Milagro de amor.

-¿Y ahora, como mamá, tiene muchos miedos?

-Y lo voy pensando (risas). No soy muy miedosa. Vengo de una familia de muchos niños, mamaderas, pañales, miedos; eso ya lo tenía digerido. Cuando llegó Ani a mi vida, ya había tenido sobrinas, que son como mis hijas. Pero sí me asaltaron miedos que no había tenido antes. Cuando iba con el cochecito de Ani, en el asiento de atrás en el auto, miraba las bocacalles por si venía alguien muy rápido, por ejemplo. A veces la nena tiene fiebre, y mi marido Daniel – Grinbank- quiere salir corriendo al médico, pero yo le digo, que se calme y me ocupo del tema con tranquilidad.

Además, tengo una hija que es casi un acróbata, que salta de acá para allá desde que camina, y mis amigos me dicen cómo la dejo saltar de un sillón al otro. Es que le tengo toda la confianza, valoro la responsabilidad y trato de inculcarle eso a mi hija.

-Usted es una madre que fue haciendo su carrera a la par de la maternidad desde “Espejos circulares”. ¿Se puede ser mamá a tiempo completo y trabajar en lo que le gusta?

– Siempre tuve en claro que iba a trabajar. Además iba haciendo pausas u horarios reducidos para estar en los momentos importantes de mi hija. “Espejos circulares” estuvo bien porque me divertía muchísimo después de ‘sufrir’ durante dos años en la puesta teatral “ Agosto”, un papel magnífico donde actué en el ‘seleccionado del teatro argentino’, encabezado por Norma Aleandro y Mercedes Morán. Lo que no haría es dejar todo por los demás, como hizo mi mamá. Yo siempre sentí que le hubiese venido muy bien tener un tiempo para ella. Es mucho para una mujer, atender la casa, los hijos, las compras, el colegio. Una madre sabe desde cuándo se toman los remedios a los nombres de las mamás del colegio. ¡Es mucho!  Yo soy de las mujeres a las que les gusta ocuparse de todo. Organizo mi casa hasta lo que hay en la heladera. Es importante poder expresarse individualmente en algo que te guste.

Suena el celular de un esposo y contesta una esposa sonriente que le desea “buena suerte, te quiero”. La relación de Andrea Pietra y Daniel Grimbank empezó tímidamente en 1998, “y por los ojos no me entró (risas) pero laburó bastante y me enamoré como nunca”, confiesa risueña la actriz sobre su marido, el empresario del mundo de espectáculos. “Vamos a cumplir 19 años juntos con altibajos como cualquier pareja. Te puedo decir que nos amamos pero no sé si estamos enamorados. El enamoramiento es esa primera instancia fundamental  pero que va pasando. Todavía le mando un beso de buena suerte antes de que se suba a un avión, y si viaja cuatro días lo extraño y quiero que vuelva a casa. Hemos pasado por la maternidad y paternidad juntos; él es un padre que ama todo lo que hace su hija. Hace un montón que no salimos de noche juntos porque si estamos los dos, con Ani en el medio, nos dan más ganas de quedarnos con ella en la cama viendo una peli”, remata.

– ¿Cómo se imagina el paso del tiempo con Daniel?

– Trabajando con esto de estar juntos. Hoy la veo a Ani empezar la primaria y quiero que no corra más el tiempo (pausa). Pero hay que avanzar con alegría. Y en la pareja, si hay un amor muy fuerte, hay que hablar, pasar buenos y malos momentos y trabajar juntos en el mismo proyecto.

-¿Le preocupa el paso del tiempo? ¿Personal o profesionalmente?

-Me preocupa por mí, más allá de cómo aparezca en cámara. Siempre fue así. Cuando me preguntaban si no era madre por no desatender el trabajo siempre sostuve que una cosa no tenía nada que ver con la otra. Primero, mi vida. Yo estoy por cumplir 48 y me gusta esta edad; ni loca vuelvo a los 20.

– ¿Por qué?

– Porque no lo pasé muy bien a los veinte; era muy apasionada y muy celosa. Lloraba y sufría todo el tiempo. Ahora estoy más serena, el fallecimiento de mi mamá y la llegada de Stefi me hicieron crecer. Además, es como decía la mamá de un amigo, la mejor década de una mujer son los 40; ella que tenía 80. Más allá de la maternidad, siento que los 40 son espectaculares; me siento vital y joven, genéticamente no salí perfecta, hago gimnasio, pero tengo tanta alegría que voy tirando del carro con esa energía.

-En varios momentos de la entrevista aparecieron Stephanie y Ana, nieta y abuela, ¿qué la une?

-En algo que me enseñó mi mamá: ver el vaso siempre medio lleno y no el vacío; a no sentirme derrotada antes de empezar. Soy una mujer positiva. Ani también es así,  somos muy parecidas. Mi mamá me enseñó que pasarla mal es una elección, porque vivir con alegría también se elige.

 

 

Mamá del corazón, mamá de la vida

 

Andrea recorrió un largo camino para ser mamá. Un deseo que venció prejuicios y egos, taras de una sociedad que diferencia algo indivisible y profundo, pero tan singular, como el amor maternal. O la raza. “Yo soy madre adoptiva y no siento la diferencia de amar una beba de otra mamá. Mi marido, padre biológico, puede decirte que tampoco  siente diferencia. Al contrario. Mi amor se potencia cada día. Yo hice los tratamientos y me propuse un número de intentos: tres. No quise exponerme al derrotero de los protocolos de fertilización que exigen tanto emocionalmente y físicamente. Creo que hay que trascender la panza y el ego porque si una quiere ser madre,  no sólo valen los nueves meses de gestación; es para toda la vida. Cuando mi hija me pregunta por qué no salió de mi panza, le respondo que no hubiera sido ella ni yo sería su mamá. No hubiésemos sido nosotras (silencio). Ser madre comienza con el bebé en los brazos; eso me lo dijo claramente una ginecóloga, madre de tres hijos, que recordó la experiencia de llegar a casa con el bebé en brazos y preguntarse qué hacer. Y eso es lo que pasó con Stefi, apenas llegó de madrugada a casa”, enfatiza quien cada mañana acompaña a Stephanie a la escuela, sin miedos ni prejuicios. “Muchas veces me planteo situaciones que podrían derivar en discriminación por el color de su piel.  Yo armo a mi hija para que enfrente a los prejuicios amando su raza, su negrura”, concluye.

 

La grieta en la novela

Los comienzos de La Leona tuvieron dos análisis distintos que parecen -a primera vista- alejados. Por un lado se ponderaban sus méritos artísticos, el despliegue de producción y un elenco impecable. Y por otro lado, la política metió la cola de la peor manera, marcando con virulencia a los actores que estaban identificados con el anterior gobierno.

La actriz Andrea Pietra opina que en los primeros meses “era una especie de retorno a las listas negras. No se puede defenestrar a los artistas por lo que piensan. Uno es actor y lo que quiere mostrar es su arte, más allá de que haya actores que tengan simpatías con una corriente política, como Martín Seefeld que tiene un pensamiento cercano al presidente. ¡Vivimos en democracia hace más de treinta años!, advierte con énfasis la actriz.

“Injuriaban a actores como Nancy Dupláa y Pablo Echarri que trabajan desde los quince años, con el mensajito de “ahora te va a toca laburar”. Son unos cobardes”, asevera aún molesta la actriz por las agresiones en las redes sociales, aunque descree que haya habido un boicot mediático a la producción de telefe.

 “Yo le comentaba a Nancy que la novela tiene tanto amor, tanta alegría; nos gustó hacerla y eso vence cualquier sesgo negativo que haya alrededor. Hubo que masticar algunos comentarios agrios aunque al final van a jugar a nuestro favor. Le dimos importancia pero no nos volvimos locos, lo vemos como un síntoma porque pasan cosas fuertes en la tira y la gente siente una suerte de identificación con los problemas económicos y sociales que padecen los obreros de nuestra textil de ficción”, concluye la actriz de éxitos como La Banda del Golden Rocket y Son de Fierro.