Un encanto irresistible

Un encanto irresistible

cubaTodo cambia… y La Habana nueva, vieja capital de Cuba, está de estreno. Galerías, comercios, restaurantes y alojamientos privados, noches de jazz y de salsa, paseos por el Malecón o La Habana Vieja en niquelados coches norteamericanos de los años cincuenta… Los ‘habaneros’ reinventaron la capital cubana para transmitir a los visitantes su irresistible energía caribeña. Cuba tiene sabor, música, ron, los mejores habanos y su gente, los cubanos, son verdaderos artistas de la conversación.

Un buen modo de comenzar a recorrer la isla de Cuba es entrar por la puerta grande: La Habana, ciudad capital. El casco histórico de La Habana Vieja es uno de los conjuntos coloniales mejores conservados de América. De sus más de 3.000 edificaciones, 550 son monumentos arquitectónicos de alto valor patrimonial y cerca de un tercio han sido rehabilitados. Hoy pasear por cualquiera de las calles o plazas recuperadas, como la de San Francisco, llena de terrazas y palomas, o la Plaza de Armas, tomada por los libreros y vendedores de diarios, es uno de los grandes placeres de esta ciudad enfocada en trazar un nuevo perfil turístico.

Descubrir la nueva Cuba que rompe el cascarón, es visitar el antiguo palacio del Conde de Lombillo, en la plaza Vieja, donde funciona un pequeño hostal de lujo y una cafetería-restaurante. Se trata de un lugar muy especial, con ventanas y puertas de madera pintadas de azul, patio interior blanco y aromas coloniales que rinde homenaje a Ricardo Sáenz, uno de los fundadores de Prensa Latina, la agencia de noticias creada por el periodista argentino Jorge Masetti y el Che Guevara tras el triunfo de la revolución cubana. Hasta hace poco tiempo esto era impensable, pero las cosas han cambiado lo suficiente en Cuba como para que hoy el visitante pueda disfrutar La Habana de otra forma gracias a la iniciativa privada y a los trabajadores por cuenta propia (los autónomos). Como ejemplo, basta saber que ya son 10.000 los habaneros que alquilan sus casas o departamentos, algunos de lujo, y hay también en la capital cientos de cafeterías y restaurantes privados (los paladares), especialmente localizados en el barrio de Miramar, donde se sirven exquisitos ceviches.

La arquitectura es uno de los grandes atractivos de La Habana y a través de ella se puede descubrir que no hay una sola Habana, sino varias. La más conocida y menos deteriorada es La Habana colonial, la de las cinco grandes plazas (de Armas, de San Francisco, Vieja, de la Catedral y del Cristo) y los baluartes militares de La Fuerza y La Cabaña. Pero más allá de este centro histórico existe otra Habana ecléctica, y una Habana déco, y también una Habana moderna, de los años cincuenta. Está además La Habana señorial de El Vedado, dividida y subdividida en cuadrículas regulares; La Habana exclusiva de las residencias de la Quinta Avenida y el Country Club, o la marinera de Regla y Casa Blanca.

Comenzada a construir en 1584 como alternativa a la Plaza de Armas, la Plaza Vieja es símbolo del nuevo empuje de los negocios particulares y también un laboratorio de la Cuba futura. Hace dos años, todas las cafeterías, bares y comercios de la zona eran propiedad del Estado. Ahora, quienes visitan La Habana pueden sorprenderse bebiendo un mojito, trago emblemático de Cuba,  en un moderno bar restaurante con vistas privilegiadas a los soberbios palacetes de esta plaza que fue el espacio comercial más importante de la capital en el siglo XVIII, mientras se escucha la música de Benny Moré y Celia Cruz, mambos de Pérez Prado y chachachás de la Orquesta Jorrín.

Ciudad orgullo

Es imposible estar en La Habana y no sentir la sensación de estar en un lugar donde el tiempo se ha detenido. Muchas fachadas de edificios de Centro Habana y de La Habana Vieja siguen en “estática milagrosa”, una categoría curiosa creada por los arquitectos cubanos para designar las construcciones a punto de desmoronarse, pero que siguen resistiendo. Lo mismo sucede con el parque automovilístico cubano integrado por una flota de viejos automóviles norteamericanos de los años cuarenta y cincuenta que todavía perviven y muchos de los cuales hoy lucen relucientes. Cómo resistirse a un paseo vespertino a bordo de un Cadillac azul eléctrico descapotable recorriendo la ciudad.

La capital de Cuba fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, distinción más que merecida por sus calles centenarias, casitas y balcones, monumentos, museos y cabarets con música en vivo. La Habana Vieja es sinónimo de Cuba, es su magia y el indiscutible emblema del país. Fundada en 1519 (es la séptima villa española) y a punto de cumplir 500 años, sus habitantes recomiendan caminarla, porque –afirman– “es segura” y merece ser disfrutada así, paso a paso, muy lentamente. Entre sus pasillos coloniales se puede desembocar en la Catedral de estilo barroco cubano para nada recargado. La Plaza de Armas, el Castillo de la Real Fuerza, el Castillo de los Tres Reyes del Morro y la Plaza de la Catedral son otros testimonios del pasado español impecablemente conservados.

Ciudad orgullo de la isla, La Habana recuerda los años 40 y 50 en cada esquina. Asombran las edificaciones y el parque automotor de los años 50. El Museo de la Revolución (el antiguo Palacio de Gobierno), el cabaret Tropicana y los shows de rumba, salsa y cha cha cha, el Paseo del Prado y el Malecón, frontera de la ciudad con el mar. Todos estos lugares forman parte de un recorrido indispensable. Así también, la Bodeguita del Medio (donde se ofrece el mejor mojito de Cuba) y La Floridita, lugar que frecuentaba el escritor estadounidense Ernest Hemingway para tomar sus daikiris.

Pero donde late fuerte el corazón de los cubanos es en el Parque Central, presidido por la estatua que recuerda al poeta, filósofo, político y periodista José Martí (fundador del Partido Revolucionario Cubano a fines del siglo XIX). Este lugar es el punto de convocatoria de los artistas callejeros que brindan espectáculos a la gorra, a voluntad, y donde el tiempo parece discurrir más lento.

Famosos de ayer y hoy

No se puede descubrir La Habana sin pasar por el mítico bar Floridita y por La Guarida, donde en 1993 se rodó la película “Fresa y chocolate”. Desde su apertura —tres años más tarde—, por este paladar pasaron Jack Nicholson, la reina Sofía, Pedro Almodóvar y hasta Rihanna y Beyoncé. También es imprescindible visitar los jardines del hotel Nacional, donde Frank Sinatra le cantó al mafioso Lucky Luciano en la Navidad de 1946; o escuchar un concierto de la Sinfónica Nacional en el teatro Martí, recién restaurado; o escuchar el cañonazo de las nueve de la noche desde la fortaleza de La Cabaña.

-“Por el Mar de las Antillas (que también Caribe llaman), batida por olas duras y ornada de espumas blandas, bajo el sol que la persigue y el viento que la rechaza, cantando a lágrima viva, navega Cuba en su mapa, un largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua”.(Nicolás Guillén, célebre poeta cubano)

-Cuba es uno de los países con mayor tradición tabacalera, valor adicional para los que despuntan el vicio, porque se permite fumar casi en todos lados. Los habanos son emblemáticos, de marcas reconocidas a nivel internacional: Montecristo, Partagás, Romeo y Julieta y los Cohíba, producidos especialmente para Fidel Castro tras la revolución, hace 56 años.