Un buen café

Un buen café

cafeTomar un buen café es un ritual, un hábito que, lejos de ser perjudicial, si se lo encuadra dentro de los límites recomendados (2 ó 3 tazas diarias como máximo), puede resultar beneficioso para la salud. La ingesta prudente de café genera una reducción del 10% del riesgo de muerte por enfermedades cardíacas, respiratorias, accidentes cerebrovasculares y por diabetes e infecciones, aunque hay excepciones, por supuesto, como el caso de los hipertensos.

En general, se recomienda moderar el consumo de café en las personas con tensión alta, pese a que algunos estudios no han revelado que el consumo de café moderado aumente la tensión a largo plazo, sí parece que altas concentraciones puedan elevarla, así como provocar un incremento momentáneo tras su ingesta. Por eso los doctores aconsejan una disminución de consumo en estos casos.

“La presencia de cafeína y antioxidantes puede mejorar el funcionamiento cognitivo, el sentido de la sensibilidad, así como el proceso de la digestión”, asegura la nutricionista Alícia Aguilar, quien añade que “incluso podría ser eficaz contra algunos problemas coronarios, diabetes mellitus, párkinson y Alzheimer, aunque los datos todavía no son concluyentes, pues se basan en la observación”, admite la profesional.

Ahora bien, si hay efectos positivos se atribuyen al consumo de café solo, sin el agregado de otros alimentos como la leche o el azúcar. No es lo mismo tomarse una taza de café solo, que hacerlo con un chorrito de leche y dos cucharadas de azúcar, y repetir este gesto tres o cinco veces al día. En este sentido, Aguilar manifiesta que “lo ideal no tiene que ser necesariamente tomarlo solo, pero que sí dependerá del tipo de alimentación que se ingiera el resto del día”.

Azúcar (poco puede ser demasiado)

Es uno de los tres ingredientes que no se debe añadir al café, aunque para evitar ser tan estrictos, el criterio a seguir respecto de “los añadidos” del café debe ser la moderación. De manera que, si lo que se intenta es tapar el amargor del café con un sobrecito de azúcar, es preciso recordar que al hacerlo “está incrementando el valor energético que por sí solo el café no tiene“, advierte Aguilar, quien además sostiene que “al añadir azúcar los beneficios mencionados y asociados al café quedarán supeditados a la cantidad de azúcar que se consuma el resto del día“.

Con esta premisa y para no excedernos de los 25 gramos diarios de azúcar (5% de la energía total necesaria al día) que actualmente recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), la nutricionista aconseja tener presente que “los azúcares simples forman parte de muchos de los alimentos que consumimos habitualmente, especialmente los procesados y, por tanto, es fácil sobrepasar esta cantidad, aunque solo se tome una cucharada por día”. Conclusión: aprender a saborear el café sin azúcar.

Leche

Para disfrutar de los beneficios del café, la prudencia manda. En este caso, si tiene la costumbre de ‘cortar’ el café con un chorrito de leche, será mejor que no se pase de ahí. El líquido blanco no acarrea problemas de salud, “pero hay que considerar qué cantidad de lácteos vamos a consumir a lo largo de todo el día y cuántos cafés con leche y cortados nos tomaremos”, agrega la especialista.

El café, fuente beneficiosa de polifenoles que actúan como antioxidantes, adquiere, al añadir la leche entera, otro significado nutricional, pues entran en juego las grasas saturadas, para las que sí existe una recomendación de consumo diaria (el 10% de la energía de la dieta, según la OMS). Los nutricionistas no desaconsejan la leche entera en personas sanas, pero las descremadas tienen menos calorías, “y son aptas para personas con obesidad, patologías cardiovasculares o factores de riesgo asociados”, como recuerda la nutricionista.

Alcohol

Café con cognac, ron u otra bebida destilada, es una combinación que poco tiene de saludable. “Hay que pensar que las bebidas alcohólicas aportan energía (7 kcal/g), pero sin ningún otro nutriente adicional que nos beneficie”, advierte Aguilar. La OMS remata con este puñado de ‘cualidades’ sobre su consumo: La ingesta de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos y está asociado con el riesgo de desarrollar distintos problemas de salud como trastornos mentales , incluido el alcoholismo, la cirrosis hepática, enfermedades cardiovasculares y traumatismos derivados de los accidentes de tránsito”.

A cada uno, su mejor receta

Cada pueblo toma el café como más le gusta y siempre hay una especie de patrón que se repite a la hora de pedirlo.

Los italianos son conocidos por su fanatismo por el ristretto, un espresso muy corto que se obtiene al pasar menos agua por la misma cantidad de café molido que se usaría para un espresso, el típico de los franceses.

-A los norteamericanos les gusta el café filtrado y lo beben en vasos bastante más largos (mugs)

-En Taiwán toman cada vez más café y eligen los latte art, dibujos realizados con la leche en todas sus bebidas.

-En Colombia lo llaman tinto y en Brasil se usa mucho el filtro de tela, aunque en los bares se empieza a pedir cada vez más el espresso.

-La moka o italiana se usa bastante en Centroamérica, donde prefieren una bebida muy intensa y corta a la que luego agregan bastante azúcar.

-Los habitantes de los países nórdicos son los que más cafés por día toman y lo hacen con métodos de filtro y en tazas grandes. Esta región cuenta con los mejores baristas, ganadores de concursos internacionales.

-En Vietnam lo toman fuerte y preparado en una especie de tetera de metal.

-En España sale el espresso, método que nos legaron los inmigrantes que llegaron a nuestras tierras.

Para nosotros, los argentinos, sencillamente es ‘el cafecito’. Sin embargo, cuando entramos a una cafetería o un bar, más del cincuenta por ciento de los argentinos lo pide cortado. Con más leche, apenas cortado, lágrima, con la leche aparte, con leche fría, doble cortado… y siguen las opciones. Sea como fuere: el café nos gusta con leche.