“Siempre luché por hacer lo que deseo”

“Siempre luché por hacer lo que deseo”

griseldaActriz y madre de tiempo completo, Griselda Siciliani se transformó en una de las mejores comediantes de su generación. Con la tira televisiva Educando a Nina ubicada entre los programas más vistos del año y varios proyectos en vista, Siciliani confiesa en esta entrevista que pone su atención más cerca de los afectos y deseos que de los flashes y el rating.

“A nosotros ya nos copaba hacerlo en los estudios y en exteriores pero es realmente emocionante cómo la gente lo recibió apenas salió”, cuenta Griselda Siciliani en un alto de las grabaciones de Educando a Nina (telefe), haciendo referencia al disco con las canciones que interpreta su personaje. Asegura que “nos gustaba los que pasaba durante las grabaciones, que empezaron un par de meses antes de la salida al aire, pero el afecto que la gente te brinda en la calle es increíble. Nos dice cosas muy cariñosas: ‘te miramos todas las noches’ y eso es algo que siempre me conmueve. No a todo el mundo le pasa que agradezcan su trabajo por la calle”, cierra la actriz con una autenticidad que se convirtió en su sello personal desde que surgió en las pantallas de televisión en el 2004, en el programa Sin Código.

Educando a Nina tiene un humor muy naif, para toda la familia, y por momentos nos pasamos y nos ponemos muy guarros. Tenemos una curva bastante amplia en el humor que nos permite jugar mucho”, advierte divertida Siciliani. Tanto es el placer que le genera este proyecto de la productora de Sebastián Ortega, que no se cansa de ponerle el cuerpo a las historias cruzadas de Mara y Nina, incluso en el hogar que comparte con Adrián Suar, mandamás de Pol-Ka y gerente de programación en El Trece.

Para mí, que soy la protagonista, es una obligación  ver el programa”, comenta seria la actriz; “el protagonista que no mira su laburo tiene una conducta incomprensible. Eso es imposible en mi cabeza porque resulta un desamor hacer un programa y no seguirlo. Es todo lo contrario de lo que está pasando en la novela. Acá todo es puro amor“, sintetiza sobre la comedia romántica que protagoniza y que ocupa el horario central, aventajando todas las noches a la competencia en el canal que  programa su pareja, el ‘chueco’ Suar

nina– ¿Y en su casa qué se mira a las nueve de la noche?

-En casa, mi hija Margarita ve a Nina más por el horario que por otra cosa; a las diez de la noche seguro se duerme.  Igual nunca le he visto a Adrián Suar una mezquindad desde lo laboral en estos diez años de pareja. Me encanta telefe porque me tratan muy bien pero en El Trece también me siento muy cómoda, además son dos canales que apuestan mucho a la ficción.

-Uno de los principales espectadores de la tira son los chicos…

-Sí, totalmente. Los niños se coparon mucho con Nina. Yo me doy cuenta por Margarita y sus amigos porque Nina es un personaje muy inocente, como si fuera una princesa de Disney, una Barbie cumbiera, una especie de heroína infantil mezclada con una cosa guarra; y los más grandes con Mara, que tiene un humor más irónico. La gente se identifica también con esa mezcla de clases sociales.

-¿Y Griselda Siciliani a quién se parece más?

-Yo me identifico con las dos. Sucede que Mara es una locura. Las dos están exacerbadas aunque creo que todos tenemos algo de ambas; inocencia y mala onda, pasión y soberbia. Incluso lo hablamos seguido con los compañeros. Y  grabando e improvisando los textos nos damos cuenta que tenemos amigos o situaciones en las que podemos ser una o la otra.

La danza y el canto

Esta casi esquizofrénica dualidad de Mara y Nina, “que se convierte en una tercera cuando Nina hace de Mara, genera más complicaciones a la actuación”, confiesa la actriz, al tiempo que asume que esta versatilidad es otra ‘marca registrada’ de Siciliani con la que construyó su cuerda de comediante: “Soy una mujer bastante positiva; con una energía muy alta y una frondosa imaginación humorística“, dice Griselda quien recuerda haber vivido una “infancia feliz” compartida con  seis hermanos, y luego de incursionar en distintas ramas expresivas, apostó por la danza y el canto. Con esos antecedentes artísticos conquistó un nombre en los circuitos porteños a partir de su participación en el colectivo artístico El Descueve junto a Carlos Casella, con quien se reencontraría hace poco en los musicales Estás que pelas y Sputza.

“En el teatro hacía danza contemporánea, donde todo era muy austero, pero siempre hice algo que tenía que ver con el show, más con el café concert, números de humor mezclados con canciones y coreografías”, recuerda Griselda de aquellos años cuando primero la descubre Enrique Pinti para su Revista Nacional. “Aún me emociona el abrazo que me dio tras la primera función. Es que cuando te saluda uno de tus ídolos algo bueno te está pasando”, rememora, y tras cartón, Adrián Suar la convoca para hacer televisión, en una década completa donde pasó por la comedia de Patito Feo y Sos mi vida al drama de Para vestir santos y Farsantes.

¿Resulta difícil un doble papel para una actriz como Ud con tantas horas de televisión?

-Fue exigido pero tuve tiempo de prepararlo porque el programa iba a salir hace un año, así que tuve chance de armar los dos personajes junto a los autores y el canal. Por lo que cuando llegué al set fue un disfrute hacerlo. Sí es una exigencia a nivel físico, muchas horas, muchísimas escenas, y la concentración de cambiar de uno a otro.  ¡En todas las escenas estoy yo! Pero ahora es tiempo de disfrutar porque es maravillosa la capacidad de juego que permite este programa.

-Algo que se extenderá más de lo previsto…

-Es que en el plan original terminábamos a mediados de agosto pero gracias a la excelente repercusión vamos hasta noviembre, con casi 130 capítulos. Para mí es una gran alegría ya que podemos desarrollar más cuerdas como las relaciones entre las gemelas Mara y Nina, separadas al nacer, que se harán más intensas; o la bonita historia de amor con Renzo (Esteban Lamothe).

-Además tiene el plus de que le permite cantar; recientemente salió un CD con la banda de sonido.

-Y habrá varios más, espero. Para mí es una especie de broche de oro que además de estar haciendo este programa pueda volver a mis raíces del canto, que es lo que siempre hice. El canto fue un lenguaje que utilicé para contar una historia. Yo nunca tuve el deseo de ser una cantante, siempre lo ví como una faceta de lo teatral, y en este caso de la televisión. ¡Y encima cantar cumbia!

– ¿Cumbia?

-Siempre me gustó la cumbia, la de acá, la colombiana, la mexicana, me gusta mucho ese ritmo, y conocía bastante el mundo de la cumbia, así que ahora estoy chocha. Investigué bastante para componer a una cumbiera creíble y también trabajé sobre mi voz.

-Palito Ortega está entusiasmado de grabar con Usted.

-Tal vez se concrete pero repito que nunca estuvo en mis planes ser cantante como Lali Espósito; algo que hablé con ella varias veces.

Un buen programa

Con varias propuestas en carpeta, incluso con versiones que avizoran una nueva puesta de Sugar, la comedia musical donde brilló Susana Giménez, un género en el cual Siciliani ya se destacó con Sweet Charity y Quiero llenarme de ti, Griselda confiesa que no puede proyectarse en “otra cosa que no sea Nina; incluso no entiendo cuando quieren que opine sobre la competencia. Mi corazón está dónde tengo mi trabajo”, y de vuelta responde en un tono serio, “No me importa el rating; me importa mi programa y mi proyecto. El ganar y perder es puertas adentro de la tele, porque para afuera, hablar de que logramos tanto rating, me parece ordinario. Claro que festejamos porque nos va bien como producto pero también podríamos tener bajo rating y festejar porque estamos haciendo un buen programa. El rating es algo que ocupa sólo a los que hacemos la televisión y pienso que el público ni debería enterarse de los números. Además siento que la audiencia consume lo que le gusta sin mirar los números y el circo que hay alrededor de ellos. No me gusta hablar de números, no es lo mío. No entiendo bien cómo funciona eso, al igual que el fútbol (risas). Disfruto que nos vaya bien, disfruto que a la gente le guste, nada más.”, concluye.

¿No se arrepiente Suar de no haberla convocado para ‘Los ricos no piden permiso’ como se había adelantado oportunamente?

-No; él ama su tira, y defiende a sus actores y actrices.  No está deseando lo que está en la vereda de enfrente, Adrián siempre está mirando sus productos y Pol-Ka es una productora que no para de hacer cosas de calidad. De puertas para adentro podemos hacer chistes y mil cosas más que ni se imaginan (sonrisa pícara). Pero todo queda ahí.

-En las redes sociales aparecieron dos personas con emotivos mensajes suyos, Leticia y Margarita.

-Leticia es mi hermanita menor, aunque ya cumplió 24, pero siempre será la chiquita porque la ví nacer y crecer como mujer; es muy valiente. Es una persona muy especial,  una gran actriz, muy talentosa, y la amo como a todos mis hermanos. Pero ella será mi preferida (se emociona).

-¿Margarita?

-¡Qué puedo decir de mi hija! Que nos encanta revolcarnos y jugar, disfrazarnos e inventar historias. El año pasado estuve bastante tiempo con ella  pero ahora me hice la canchera y volví a trabajar a full ¡y la extraño un montón! Pero intento transmitirle que es bueno elegir la vocación que te apasiona y darle para adelante. Ella me recuerda tanto a mí de chica…

 -¿Cómo?

-Mi hermana Paulina, que es socióloga, me dijo alguna vez: ‘En tu trabajo hay algo de lo que jugabas cuando eras chica’. Y tiene razón porque yo siempre luché por hacer lo que deseo, más allá de la ambición de ser reconocida o de llegar a tal lugar.

Una amiga fiel

Cada noche, la infaltable e incondicional amiga de Nina está a su lado en las buenas y en las malas. Jorgelina Aruzzi anima a una Susy enamoradiza y soñadora que tiene una química especial con Sicialini. “Con Griselda tenemos caminos parecidos; ella viene de los mismos espacios under y del teatro, nos encanta actuar juntos y cada tanto nos proponemos desafíos. Además, fuimos al mismo colegio en el barrio de Caballito (en distintos momentos) y parece que la conozco desde hace mil años. Aunque este es nuestro primer trabajo juntas, tenemos muy buena comunicación en escena”, dice la actriz que se hizo conocida para el gran público a partir de su papel en Chiquititas y sus apariciones con Susana Giménez.

Pero antes, Jorgelina transitó una sólida carrera teatral como Tertulias eran las de antes  y éxitos comerciales con Le Prénom (El nombre), por eso sostiene que “aunque parezca que soy más una actriz de teatro, en verdad estuve desde los ‘90 en la televisión. Tal vez porque participé con proyectos personales de gran convocatoria, como La mujer impalpable, pero también hice bastante teatro comercial. Cuando empecé no había tantos actores que venían del teatro, como Carlos Belloso o Paola Barrientos, pero de a poco fuimos llegando quienes tenemos un paso fuerte en las tablas. En la tele de hoy actúa sólo quien trabaja bien”, remata.

Uno de los desafíos de 2016 fue preparar su personaje con profundo acento cordobés, lo que al principio recibió fuertes cuestionamientos de actores cordobeses y músicos de cumbia. “Las críticas a nuestros personajes nos dolieron, criticar siempre es barato. En la tele se graba mucho y rápido, y la decisión de hacer a la familia cordobesa se tomó quince días antes del inicio de las grabaciones. Hubo gente que se molestó y nosotros tomamos las críticas para mejorar; sabíamos que los cordobeses son orgullosos de su cultura y podía haber reacciones negativas al comienzo pero muchos nos tiraron buena onda”, señala la actriz ganadora de un Martín Fierro por su memorable actuación en

El hombre de tu vida junto a Guillermo Francella.

Con un futuro para su personaje que augura enredos amorosos con Manuel –Juan Leyrado– y un proyecto teatral junto Peto Menahem, en una producción de Gustavo Yankelevich, la notable comediante asegura una época de oro en el humor hecho por  mujeres, “hace diez años no había espacio para las mujeres haciendo humor, hoy son muchos los lugares de la comedia, en teatro y televisión, ganados por nosotras. Una gran comediante como Griselda Siciliani rompe el rating.   El prejuicio de la mujer humorista fue evolucionando y somos menos machistas en ese sentido”, advierte.

Galán de la calle

Toda heroína necesita un galán. Y Nina tiene a Renzo en la piel de Esteban Lamothe, una de las caras fuertes del cine independiente argentino de la última década, que asoma con personalidad en la televisión.

“Es una gran responsabilidad la que tengo en Educando a Nina”, declara al laureado actor del film Los 5 talleres y suma, “porque es un personaje realmente importante y hay que estar muy atento. Sé perfectamente el nivel de belleza que tengo (risas) y soy galán porque así lo escribieron los guionistas. No soy ni me siento un galán. El éxito de la tira responde a la necesidad de disfrutar una comedia romántica ligera, hasta ahora ausente en la grilla de los canales”.

Con Griselda Siciliani ya había hecho pareja en Farsantes. “Es una compañera de oro y nos divertimos haciendo las escenas porque tenemos un humor bastante parecido. Nuestro método es ir a fondo en la comedia y el romance”, comenta.

 “Ser actor supone que en algún momento te puede ir bien y serás popular pero tampoco creértela porque ser popular es consecuencia de algo que hiciste bien. Me banco que la gente se acerque a pedir un autógrafo (carcajadas)”, señala Esteban, el papá de Luis, fruto de su unión con la actriz Julieta Zylberberg, que también graba en telefe la versión argentina de la sitcom norteamericana Loco por vos.

 “Con mi mujer hay cero competencia, tenemos una familia de diez años y mucho por delante, es más, nos consultamos los papeles y ensayamos juntos”, confiesa.

Con más de veinte películas sobre sus espaldas y grandes títulos como El estudiante o La patota, hacen de Lamothe una voz autorizada que analiza el cine nacional “Este es un buen momento, con excelentes directores y técnicos, que hacen pensar en lo mejor. Me parece que los artistas tienen que trascender cualquier tipo de gobierno, que su obra tiene que superar las políticas del momento”, enfatiza.