Por un planeta sin basura plástica

Por un planeta sin basura plástica

basura¿Es posible imaginar un futuro sin plástico? Algunos auguran que el futuro agotamiento de los combustibles fósiles nos llevará a eso, por lo que será necesario desarrollar materiales sustitutivos. Pero el fin del plástico no supondría su desaparición total de la Tierra, debido a la lenta degradación de estos polímeros, por lo que resulta necesario también tomar medidas de descontaminación. Cómo lograr un planeta sin plástico.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Science da cuenta que durante el año 2010 se vertieron entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de basura plástica a los océanos del mundo. La cifra asusta, pero es solo una pequeña parte de los 275 millones de toneladas que ese año se generaron en 192 países costeros. La producción mundial de plástico se incrementó un 500% desde 1980, y estos materiales representan entre el 80 y el 90% de la polución oceánica.

Sin embargo, la mayor parte del plástico se queda en el territorio que ocupan los países en desarrollo, que a su vez son los que cuentan con peores sistemas de saneamiento y reciclaje. De esta manera el problema de la polución plástica cobra una especial trascendencia y son los países en desarrollo y los emergentes los principales responsables de dicha contaminación. Según el estudio publicado en Science, de los 20 países más contaminantes, el último en la lista es una nación occidental desarrollada: Estados Unidos.

¿Vivir sin plástico?

Algunas campañas mediáticas y numerosos blogs apuntan consejos para reducir al máximo el consumo de estos materiales y a llevar un seguimiento de la huella personal de plástico. Los intentos de vivir sin él se basan mayoritariamente en elegir opciones de compra que adhieren al uso de materiales tradicionales, como el vidrio, el papel, el metal, la cerámica o la piedra.

Pero esto no es sencillo de lograr ya que las resinas sintéticas están presentes, de un modo u otro, en la mayor parte de lo que compramos, consumimos y descartamos. La razón es que el petróleo permite obtener polímeros con una enorme versatilidad y propiedades muy diversas, y hacer el camino inverso hacia los materiales de origen natural no parece una solución universal.

Además, la vida sin plástico es más cara. Vigilar y reducir su uso es una misión que implica el compromiso de todos en torno a las cuatro “R”: recuperar, reducir, reutilizar y reciclar (ver recuadro).

Más allá de las iniciativas personales o no gubernamentales, las autoridades de algunos países han decidido tomar medidas legales para recortar el consumo de plásticos.

En 1990, la isla de Nantucket se convirtió en el primer lugar de EE.UU. en prohibir las bolsas de un solo uso y el año pasado, California fue el primer estado en aprobar una legislación similar. En China, la decisión de que los comercios cobraran a los consumidores por las bolsas desechables, introducida en 2008, consiguió reducir la cantidad de este tipo de plástico en un 50%.

En nuestro país, son varias las provincias – Córdoba, entre ellas- que establecieron el cobro de las bolsas en los súper mercados para desalentar el solo uso y concientizar así en hábitos de consumo más amigables con el ambiente, aunque esto no significa convalidar medidas extremas como las que existen en algunos países en desarrollo donde el uso de las bolsas de plástico es ilegal y por ello su vigencia resulta problemática.

La Unión Europea aún no ha implantado una prohibición general, pero acordó imponer a sus estados miembros la obligación de reducir en un 80% el uso de las bolsas más ligeras en el próximo decenio –pasar de las más de 170 bolsas que utiliza cada europeo al año a solo 40 en 2025– o bien gravar su uso desde 2018. Algunos países ya se adelantaron: Italia fue pionera en eliminar las bolsas no biodegradables en 2011, mientras que Francia aprobó una ley que prohibe las bolsas de un solo uso a partir de este año.

Materiales sustitutivos

El primer paso en el intento de reducir la huella de plástico del ser humano es producir polímeros biodegradables mediante el uso de aditivos. Sin embargo, esto no logra resolver el problema de su origen petroquímico, lo que sigue implicando el uso de una fuente no renovable. Por tanto, el siguiente paso es obtener materiales sustitutivos que no dependan del petróleo.

Se están logrando avances notables en la fabricación de bioplásticos a base de materiales como el almidón o la celulosa. Un ejemplo es el ácido poliláctico, un bioplástico parecido al polietileno producido a partir del mismo compuesto que provoca las caries dentales. Pero es preciso señalar que no todos los bioplásticos son biodegradables. El polietileno, el plástico de las bolsas, tiene una versión biológica obtenida a partir de cultivos fermentados, pero al igual que el derivado del petróleo, no es biodegradable.

Entre los investigadores que experimentan con nuevos plásticos de base biológica y fácil degradación se encuentra un equipo del Instituto Italiano de Tecnología en Génova. Estos científicos trabajan en la producción de plásticos a partir de residuos vegetales comestibles, como el perejil, los tallos de espinacas y las cáscaras de arroz o cacao. La ventaja del método es que permite obtener una amplia gama de bioplásticos de celulosa, desde los más rígidos hasta los blandos y extensibles. “La comparación de sus propiedades mecánicas con las de varios polímeros sintéticos basados en el petróleo indica que estos bioplásticos tienen propiedades mecánicas equivalentes a las de los no degradables”, advierten los científicos en un sus investigaciones.

Microbios hambrientos

Incluso en una situación ideal, con los plásticos petroquímicos limitados a los usos en los que no existe otra opción y siempre en aplicaciones duraderas; con todos los usos desechables cubiertos por bioplásticos biodegradables y con un reciclaje extensivo… Aun así quedarían millones de toneladas de basura plástica que eliminar. ¿Qué hacer con ellas?  Casi todos los ojos están puestos en la biotecnología, el uso de microorganismos capaces de degradar plásticos. Existen bacterias, como los microbios del suelo del género Pseudomonas, e incluso hongos como los que crecen en la madera, que pueden digerir plásticos de forma natural. El inconveniente es que la biodegradación de plásticos por este medio suele requerir condiciones especiales, como temperaturas altas o luz ultravioleta.

Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad Beihang de Pekín (China) encontró una vía que evita la necesidad de aplicar condiciones de laboratorio. Estos científicos observaron que la oruga de un tipo particular de polilla suele alimentarse de envases de comida. Al examinar su tubo digestivo, hallaron dos clases de bacterias que degradan el polietileno sin necesidad de otros tratamientos. Según los investigadores, se trata de “pruebas prometedoras para la degradación del polietileno en el medio ambiente”.

Reciclar hacia atrás

En los países desarrollados, los esfuerzos se centran en aumentar las tasas de reciclaje de los plásticos. Sin embargo, los expertos advierten que el reciclaje no es una panacea: al contrario de lo que sucede con los envases de vidrio, los de plástico no se emplean para fabricar otros envases similares, sino objetos muy diferentes que pueden acabar en los vertederos de basura.

Una alternativa interesante es la que se está desarrollando en la India. Dado que el plástico se produce a partir del petróleo, ¿por qué no convertirlo de nuevo en un combustible líquido?

El método diseñado por el químico Achyut Kumar Panda, de la Universidad Centurión de Tecnología y Gestión en Odisha, y el ingeniero químico Raghubansh Kumar Singh, del Instituto Nacional de Tecnología en Orissa, utiliza un calentamiento a 450 grados centrígrados en presencia de un catalizador para convertir el polietileno de las bolsas en un combustible líquido similar a la gasolina (nafta), el querosén y el carburante diésel. Por cada kilo de plástico se producen 700 gramos de combustible. En su estudio, los investigadores subrayan que el procedimiento ayudaría a “reducir el problema de los residuos”, lo que sería especialmente interesante en los países en desarrollo.

-La producción mundial de plástico se incrementó un 500% desde 1980 y estos materiales representan entre el 80 y el 90% de la polución oceánica.

-Los científicos trabajan en la producción de plásticos a partir de residuos vegetales comestibles (perejil, tallos de espinacas y cáscaras de arroz o cacao) que permite obtener una amplia gama de bioplásticos de celulosa, desde los más rígidos hasta los blandos y extensibles.

-La biotecnología es el uso de microorganismos capaces de degradar plásticos. Existen bacterias, como los microbios del suelo e incluso hongos como los que crecen en la madera, que pueden digerir plásticos de forma natural. El inconveniente es que la biodegradación de plásticos por este medio suele requerir condiciones especiales, como temperaturas altas o luz ultravioleta.

 Las 4 R

La generación de residuos, cada vez mayor, se ha convertido en un grave problema en todos los países desarrollados y minimizar este problema requiere de la colaboración de todos. Para lograrlo es necesario seguir la regla de las cuatro R:

  • Reducir: consiste en rechazar los distintos tipos de envases o empaquetados cuando éstos no cumplan una función imprescindible para su conservación, traslado o consumo. Deberíamos ser particularmente cuidadosos con los productos que se usan y se tiran. Por ejemplo, utilizar servilletas y pañuelos de tela en lugar de los fabricados con papel, ir de compra con un changuito, prescindiendo de las bolsas de plástico de un solo uso.
  • Reutilizar: antes de desechar cualquier producto debemos sacarle todo el partido posible. Los envases de vidrio los podemos reutilizar una vez lavados, las bolsas de las compras las podemos usar para la basura.
  • Reciclar: la mayoría de los materiales de los que están hechos los productos que utilizamos en el hogar son reciclables. Una vez que los hayamos usado, deberíamos devolverlos al ciclo productivo para que, después de un tratamiento, puedan incorporarse de nuevo al mercado, reduciéndose así el consumo de materias primas y de energía.
  • Recuperar: Se basa en la utilización del residuo generado en otro proceso distinto del que lo ha producido, este se podrá introducir en el nuevo proceso directamente o mediante algún tratamiento previo.

Actualmente se dispone de mecanismos que posibilitarían no generar tantos residuos y recuperar las materias primas y recursos contenidos en nuestra basura, pero, para que las cosas cambien es necesario que todos incoporemos nuevos hábitos de compra, reduciendo la cantidad de residuos y realizando la separación selectiva de los distintos tipos de basura.

Bolsas y botelllas

El plástico es un problema creciente para el medio ambiente, las bolsas de plástico y botellas que no se reciclan terminan en el agua y dispersas en el terreno que nos rodea, en el que persisten durante cerca de 100 años. El plástico es el culpable de la muerte de numerosas especies en los océanos, debido a la ingesta accidental de plástico o por la asfixia, provocada por el taponamiento de las vías respiratorias con las bolsas de plástico. Es muy frecuente encontrar tapas de botellas en el estómago de los animales marinos que, al confundirlos con comida, los ingieren, obstruyéndoles su sistema digestivo y causándoles la muerte.

Basura doméstica
Las pilas son uno de los residuos domésticos más peligrosos por su contenido en mercurio y cadmio. El problema se presenta cuando las pilas se han agotado y se acumulan en un vertedero de basura o se incineran. En cualquiera de los dos casos, los elementos químicos que contienen llegan tarde o temprano a infiltrase en el agua.

Las pilas de zinc-carbón y las alcalinas son las más numerosas.

Las pilas botón son las más peligrosas porque en su composición contienen metales pesados como el mercurio y el cadmio, y se utilizan en calculadoras, relojes, radios, micrófonos, etc.

El mercurio (Hg) es un metal pesado muy contaminante, a través del agua llega a los organismos vivos como las plantas y de ahí entra en la cadena alimentaria hasta los animales y personas, produciendo enfermedades.

El Cadmio (Cd) es una sustancia que no se degrada, por tanto se acumula, primero en las capas superiores del suelo, de donde es absorbido por los vegetales y después entra en la cadena de alimentos. Es peligroso para los niños, ya que sustituye al calcio en el organismo, provocando graves dolencias.

Una vez agotadas,  las pilas nunca deben ser arrojadas a la basura, ni tirarlas al suelo porque pierden su hermetismo y pueden dejar escapar su contenido y al llover se filtra en la tierra, introduciendo los productos tóxicos en la vegetación y en los ríos, mar, cadena alimentaria afectando nuestra salud y al medio ambiente. La solución está en hacer una recolección selectiva, depositándolas en el contenedor de pilas para tratamiento posterior.
Las pilas alcalinas-salinas se acondicionan en bidones y se almacenan. De las pilas de botón se recupera el mercurio mediante un proceso de destilación. El mercurio recuperado supone entre un 8% y un 10% de las pilas de botón tratadas.