Osvaldo Laport

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Osvaldo Laport

En su exitoso regreso a las tablas en Villa Carlos Paz, Osvaldo Laport demostró la vigencia de un galán todoterreno, para todas las edades y generaciones. De las salas llenas de Enredados al mundo privado del actor, que hunde las raíces en los campos uruguayos y desborda solidaridad allí donde lo llaman quienes más lo necesitan.

La vida hay que hacerla uno y no que te pase por arriba. A veces los amigos recomiendan trabajar menos. Y no pasa por descansar en mi caso; no se llega nunca a nada si se queda esperando, uno tiene que disfrutar de la vida fluyendo hacia delante, andando en diferentes andariveles”, asegura Osvaldo Laport en la tranquilidad de las sierras cordobesas, donde protagoniza la comedia Enredados.

En el terreno del arte, un actor debe tener buenas raíces y no un techo. Y por eso sigo buscando otras expresiones, ya sea con mi banda de música o tallando esculturas”, señala el actor y director que desde hace un tiempo expone en espacios de arte.

RAÍCES DE FAMILIA

Uno de mis mayores trabajos en madera fue la cuna de mi nena”, refiriéndose a Jazmín, hoy una joven actriz de 20 años, y jocoso cuenta que “ahora mi hija la usaría de ike bana aunque nunca se sabe (sonríe). En un departamento no entraría porque salió armatoste. En aquel momento hubo toda una movida “oh, Laport construye una cuna”, digo, ¿cuál es el problema? Con los años entendí que eso venía de mis padres. Nosotros nacimos en el campo, en un pueblo muy chiquito -Juan Lacaze, Uruguay- y a todos (tres varones y una mujer) nos enseñaron desde niños a resolver cualquier problema doméstico. Y eso significaba desde cortar el pelo, hacer media suela de zapato, decorar una torta, levantar el ruedo del pantalón hasta cocinar y barrer; eso no tenía sexo. Cada uno de mis hermanos mayores tiene un oficio y eligió una profesión en parte por esa infancia responsable. Uno de ellos es periodista político, el otro es escultor, y mi hermana también incursionó en lo artístico”, enfatiza Osvaldo al describir su niñez “tal cual lo dice la pluma de José Carbajal en ‘El Sabale ro’: con cinco medias hicimos la pelota”, cita. 

– ¿A la infancia llama buenas raíces?

-Claro, mis raíces siguen estando en el campo. Si bien a mis viejos no los tengo más, lamentablemente (silencio), siguen estando acá (se toca el corazón) para enseñar.

-¿La actuación viene también de su casa?

-Mamamos eso de ello, también. Yo era público de mi papá y de mi hermano mayor porque ambos actuaban en la compañía del pueblo. Allí aprendí que ser actor significa desde colgar un tacho a transmitir un parlamento, algo que quizá las nuevas generaciones de actores televisivos no se toman el tiempo de comprender.

-¿Y por qué dice esto?

-Porque tengo una imagen que aún me acompaña en los camerinos y es la fotografía de una primera fila del teatro del pueblo en la que yo estoy sentado en el medio, con las orejas así de abiertas y mis padres atrás. Esa imagen es una de las primeras que tengo en el alma. Ahí está la clave y el motor de mi carrera: fui público de mi familia.

– ¿Recuerda sus comienzos?

-Empecé a trabajar de canillita a los 8 años para estudiar teatro y uno de mis primeros personajes de adolescente fue el payaso Pototín, con el cual colaboraba en una institución de régimen civil que se encargaba de los niños carenciados de Montevideo, en plena dictadura. Fue difícil esa época.

POTOTÍN, CATRIEL Y GUEVARITA

A Pototín lo traje a Buenos Aires cuando vine a estudiar, gracias al apoyo de mi hermano mayor. Llegué a una pensión un 10 de agosto y dos días después, fecha de mi cumpleaños, me regalé la primera clase de actuación. Y desde ese momento comencé un trajín donde todo lo que hago sale con mucha pasión y entrega, más allá de los resultados. Y con mucho respeto”, señala el actor que comienza a ser una de los galanes más cotizados desde sus primeros trabajos con Verónica Castro, Andrea del Boca y Jeannette Rodríguez. La década siguiente será aquella de dos exitazos de la pantalla nacional que tuvieron proyección internacional, Cosecharás tu siembra, “aún hoy en día me paran en las calles de Italia para recordarme a Renzo. Nunca más se vio en la pantalla local una producción de tanto despliegue”, señala, y Más allá del horizonte, “el personaje que prefieren todas las mujeres. Estamos hablando de un tipo, Catriel, que aparecía en bolas y de pocas palabras. Raro”, se estremece con una carcajada quien más adelante entregó potentes interpretaciones en Franco Buenaventura, el Profe, Soy Gitano y Son de Fierro. Pero, sin dudas, fue y será Guevara, el Guevarita de Campeones de la vida, su papel eternamente, uno que tienen en la alforja los poquísimos actores que son queridos por el pueblo. “¿Un papel? ¡Guevara!. Y creo que está relacionado con varias cosas. Primero porque tuve el privilegio de hacerlo en dos tiras diferentes con más de una década de diferencia”, se refiera a la vuelta del personaje en la telenovela Sos mi hombre en 2013, y se explaya, “y eso que tuve que remontar la dificultad que por cuestiones legales no pude llamarlo por su nombre. Aún recuerdo que me estallaba el corazón el primer día de grabación y escucharlas palabras del productor de que el autor original no cedía el nombre. Y hablando con todo respeto a los autores, y éste en especial que escribió una historia increíble en 1999, aclaro que mi personaje no estaba escrito de esa manera. Yo lo que hago con mis roles es ponerlos el filo de la navaja, que se expongan a la cachetada y al mimo en cada escena, porque transgredo los libretos; me pasa eso con mi trabajo. Y si vamos a Guevara, sus tips, sus latiguillos, esos que fueron éxitos en la audiencia, fueron todos mis aportes originales”, señala con un gesto que difumina la frontera entre el boxeador ficticio y el actor de carne y hueso.

– ¿Y por qué Guevara?

-Por la identificación que tuvo en los varones; y ese es el cachet más alto que pudo pagar mi profesión. Estando en Córdoba, salgo a comer, y pasa un hombre con su hijo y le dice al botija “ahí está Guevarita”, y se acerca con un papel y birome en la mano. Ese fue un momento personal muy alto por la reivindicación del género, con mostrar en la tele que el hombre entre cuatro paredes, en la intimidad, se siente Guevara (risas).

-Al igual que el suceso de ‘Amor en custodia’, Soledad Silveyra ayudó a construir ese personaje.

-Me parece que las otras compañeras lo van a entender, ya saben que no soy un petardo, nunca iría en contra del género, y menos con mis compañeras de laburo. Todas han sido generosas, salvo algunas honrosas excepciones (risa pícara), pero con Solita pasa que nos rescata el público. Y ellos son los que piden y siguen pidiendo a esta pareja. Es más: yo la propuse para integrar el elenco de Enredados pero ella ya había arreglado integrar otra obra en Villa Carlos Paz (‘Marcianos en la casa’). Como sea, igual nos juntamos a cenar y tomar vinitos varios.

– ¿Cuáles fueron sus momentos altos?

-(Piensa) Fue el nacimiento de mi hija, construir su camita, diseñar y trabajar para mi casa en Benavidez -provincia de Buenos Aires-. Hay mucho allá que hice manualmente con Vivi -su esposa (Viviana Sáez). Regalar el primer auto a mis viejos, a quienes traje para acá con una producción especial donde en un momento aparezco en la recova de mi casa con su autito, envuelto con un moño. Esos son mis momentos altos en cuanto a felicidad, en cuanto a la alegría, porque no sé si el éxito es un momento de felicidad.

-¿No?

-Porque nunca se sabe si puede entenderse qué es ser exitoso. Además para llegar hasta allí hubo que pasar antes por varios porrazos importantes. Tampoco tenés el margen suficiente para disfrutar cuando andás tanto en la vida porque todo ha costado mucho. Nada me llegó de arriba, nadie me apadrinó. Esos también son momentos altos de mi vida: la lucha, la pelea, apostar a la continuidad, a sorprender. Nada se consigue sin despeinarse. Ya desde hace unos años rompió el prejuicio nuevamente al empezar una carrera de cantante, “ah, ahora Laport canta, je”, dice quien lleva casi diez años en los escenarios, con sendos CD publicados y otro en preparación, y adelanta, “Resonancia fue el último pero voy incorporando temas nuevos en los show. Grabé un tema nuevo muy lindo, una zambita con aire de balada, que se llama “Qué tiene abril”, advierte Laport, quien también incursionó en el cine con suerte dispar.

 

GALÁN, POR ENCIMA DE TODO

Son los mismos prejuicios que delinean rótulos que suelen encasillar a los artistas. Y los obliga, a veces, a repetirse. Pero Laport no solo se siente orgulloso del galán creado, que es su pacto indeleble con la audiencia, sino que “para mí es un privilegio. No hay que olvidar que el galán es un personaje. Todos mis personajes han sido variantes del galán muy distintas entre sí, del más clásico al más bizarro. Fueron muy pocos mis papeles haciendo de los clásicos, incluso, quizá el último fue en Collar de esmeraldas. Guevara no era un galán. Alguna vez me bajé de un proyecto cinematográfico porque querían que hiciera de típico galán y no lo hago porque me aburro si no puedo actuar, jugar”, concluye quien para mantener su estado físico cuidado y cerca de los 60 años, sigue “una rutina de comidas sanas y descanso, con sesiones de gimnasio, pero que los fines de semana no se pierde un asado con empanadas”.

-Se conocieron con Viviana siendo adolescentes y continúan enamorados. ¿Encontraron la fuente del amor?

-Jajaja. No hay recetas, es el día a día. Hay una continuidad que está relacionada con la persona. Si yo fuera un tiro al aire, si mi filosofía de vida sería distinta, no estaríamos juntos, pero tenemos una idea muy similar del amor. Además, las crisis sirven para afianzar las parejas; es más, cuando atravesamos momentos complicados es cuando más sexo hemos tenido, más cerca estamos uno del otro. Existen distintas etapas en una relación. Incluso hay que respetar los silencios hasta que venga la etapa del diálogo, hay que respetarse en la diaria. Y rescatar los momentos de la familia aún las crisis. Esos son momentos en que volvés a elegir a tu familia. Las crisis no tienen que terminar solamente con lo malo, porque de ellas también se aprende.

– ¿Cómo describiría la etapa actual?

-Y son los más hermosos momentos porque Jazmín ya es una mujer, con su chico que es un personaje maravilloso, y que ojalá la vida los siga teniendo juntos. No sé si es una cosa edípica o no, pero tiene un perfil muy parecido al mío (risas). Es un tipo muy calmo, muy terrenal. Buena gente. Todas las mañanas hago el desayuno, muy temprano, para las mujeres de mi casa y cuando él se queda, también le llevo el desayuno a la cama.

– ¿Tiene varios perros?

-Tuve (silencio). En una crisis muy fuerte con Vivi, tuve que deshacerme de varios. Hubo una etapa en que yo estaba muy fóbico, tenía gimnasio en casa, asados en casa, no quería salir del campo, y empecé a rodearme de caballos, peces, patos, perros. Ahora tengo tres nomás. Y pasada la tormenta me siento más fuerte.

– ¿Qué significan las mujeres en su vida?

– Las mujeres son el gran pilar de mi vida. Cuando tuve grandes crisis personales, ellas siempre estuvieron a mi lado (pausa).

-¿Cuál es su mejor arma de seducción?

– ¡No sé! Una vez un productor me dijo que yo no era lindo pero que era muy seductor. Una de mis estrategias de seducción es enviar flores. Es muy posible que mande flores inclusive por las redes. Es una manera de abrirme, de que el saludo sea cálido y no importa el género.

-¿Y qué seduce a Osvaldo Laport?

-Los zapatos abiertos de una mujer, con talón desnudo.