“Los hombres, como los actores, se comprometen con la verdad o con la mentira”

“Los hombres, como los actores, se comprometen con la verdad o con la mentira”

actorEl príncipe de los actores, según la opinión de los críticos del mundo, y querido por el público hispanoamericano que lo aplaudió en mil giras, Miguel Ángel Solá vuelve a emocionar al público cada noche en distintos salas del país, con la obra teatral Hoy: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain.  El actor que también encarna a  un ser despreciable en la telenovela La Leona (telefe) cuenta en esta entrevista con AQUÍ PM, sus preocupaciones y amores sin guardar palabras ni sentimientos.

“La voluntad de convivencia española, desde hace mucho tiempo, es mucho mayor que la nuestra”, dice Miguel Ángel Solá en un alto de su gira nacional con Hoy: Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain, al referirse a su patria de adopción, y reflexiona, “Nuestro caos de ideas es ampliamente más creativo, pero sin nadie que le dé un cauce. La nuestra se ha transformado en una sociedad que ensucia lo que toca, que no ama lo que tiene y mucho menos al otro, como si ese otro no fuera ¡uno mismo!. Sobran insultos, agresiones, ruidos gratuitos y contaminación, sobra la falta de consideración con niños, mujeres y nuestros mayores. Todos los ídolos que se fabrican terminan siendo rehenes del poder de turno. El mérito parece más una mancha de salsa de tomate en una camisa blanca que un premio al trabajo y al estudio. Y no falta el ejemplo nacional que a gritos de rating cuenta: ¡no sean boludos! ¡la plata no la hace el talento, la capacidad, la entrega!. ¡Aprendan de mí que soy un ignorante, tengo toda la guita y me llaman de las altas esferas para consultarme todo!”, dice quien se reencuentra este año con el público argentino en los pueblos, en los teatros. Miguel Angel Solá es duro y habla sin pelos en la lengua.

Enseguida aclara que “Soy argentino. Conozco cada rincón de mi país. Conozco su valía y sus horrores. Estudié, me formé, amé, sentí y pensé siempre en argentino. Mis amigos, mi familia, mis dolores y alegrías han nacido y muerto aquí. Yo viví aquí cincuenta años y quiero morir aquí, porque sí. El amor no tiene explicación, aunque te muela y te torture; te vitalice, te impulse y te invite a soñar”, sentencia el actor que a fin de los noventa tuvo que emigrar a España por amenazas a su hija.

– ¿Cómo enmarcaría su vida en España? ¿Volvería?

-No tengo propiedades. Tengo familia que, como todas, necesita comer y desarrollarse. Donde haya trabajo, ahí estaremos.

– ¿Qué cambió entre nosotros respecto de la época en la que Ud. emigró?

-Fue acentuándose el horror cultural que da importancia a lo insustancial a través de los medios de comunicación

– ¿Cuáles fueron los motivos?

-La ignorancia, la falta de respeto y la introducción indiscriminada al país de gente que no tiene nada que ver con la cultura poderosa que nos hizo brillantes. Las mafias perpetúan los ejércitos de esclavitos y asesinos a sueldo. La impunidad de la clase dirigente argentina, garantizada por sus propios socios es otro ítem digno de estudio. Los fueros que se utilizan como escudos infranqueables. Y la ignorancia, siempre la ignorancia, encaramada en los estratos más insospechados. O sea: la mentira que ahoga toda libertad y toda responsabilidad.

– ¿Observa un país menos amable, menos humano?

-Observo una ciudad, Buenos Aires, decidida a ser tan fea como cualquiera de las capitales de Latinoamérica. Observo un país desmantelado por años de carroñeros subvencionados por intermediarios apestosos que jamás dan la cara, pero reparten las miguitas. Observo la impiedad que crece. En medio de todo eso, el talento, la capacidad, la buena fe, el espíritu de sacrificio, los manotazos de los miles de posibles ahogados que no quieren terminar antes de empezar y que optan por irse. Porque toda la basura los echa.

Genética actoral

Miguel Ángel Solá no es un hombre que se queda callado. Eso ya se sabe. Tampoco es inactivo pese a los duros momentos de su vida, que incluyen un accidente casi mortal en 2006 en las playas de Las Palmas de Gran Canarias, y del cual salió gracias “a mis fuerzas, en reconocer todo lo que siento y pienso de esta vida que puede ser útil para mí y los demás”, recuerda.

Desde que salió de aquellas tardes compartidas con varias generaciones de artistas en su propio seno familiar, entre ellos la inmensa tía Luisa Vehil, que lo hizo debutar con seis meses, el actor marcó un rumbo singular con obras perturbadoras y osadas para los parámetros de su época como Equus, en 1976, que fue muy cuestionada por los militares que usurparon el gobierno en aquellos años.

‘El hombre elefante’ dirigida por Emilio Alfaro, protagonizada con Soledad Silveyra, ‘El águila de dos cabezas’ dirigida por Carlos Carella, junto a Bárbara Mujica y ‘Trampa mortal’ dirigida por Daniel Tinayre, fueron jalones actorales  que lo acercaron a los grandes directores de cine como María Luisa Bemberg o Pino Solanas a la par que la televisión de la temprana democracia ponía su talento en ciclos revolucionarios como ‘Compromiso ’y ‘Atreverse’.

“Era una dama, se comportaba como una dama”, recuerda el actor de su papel en los unitarios de telefe de principios de los años noventa, “Y reivindicaba la necesidad de ser tratada como tal. Era un ser íntegro, honesto y convencido del error que la naturaleza había cometido en él, dándole un cuerpo de hombre a un sentir, pensar y gozar plenamente femenino. Y sabedor de que esa era la única vida que le tocaría vivir. Y eligió su verdad. Verdad que a los dueños exclusivos de la verdad, incomodaba”, dice respecto de aquel rol protagónico y confiesa “ojalá con Atreverse se haya puesto un granito de arena que ayudara a la comprensión de las diferencias. La televisión, el teatro o el cine recuperan el sentido original al hacer público nuestros problemas, ocultados o negados por la hegemonía”, dice Solá que hacia mitad de aquella década repartía el suceso teatral de ‘Los mosqueteros del rey’ con televisión de culto en ‘Cartas de amor en casette’, donde compartía el set con su ex mujer, la actriz española Blanca Oteyza, madre de sus primeras hijas María y Cayetana que ahora se suman a la pequeña Adriana en el corazón de Miguel Ángel, fruto de su actual pareja con Paula Cancio; “diferentes madres, el mismo amor”, sintetiza un padre feliz.

Trabajo, compromiso y premios

También en los años noventa se vieron sus trabajos en filmes que él considera más afines ideológicamente, “con Salvador Massa (Casas de Fuego) y el capitán legalista de Bajo Bandera (Caso Carrasco) me identifico bastante ya que no he tenido muchas más oportunidades de sentir que algún personaje expresara alguna parte de mi sentir y pensar”, y aprovecha con la suficiente autoridad de haber filmado más de cincuenta películas en ambas costas del Atlántico para expresar que “el trabajo hecho por el INCAA – Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales- y por la TV Pública en estos años me ha parecido extraordinario. Ojalá que hayan aprendido los que vienen, y, desde esa plataforma, den un mayor empuje al camino iniciado por el audiovisual argentino”, afirma.

Antes del suceso de ‘Hoy: Los diarios de Adán y Eva, de Mark Twain’ (ver recuadro) Ud. tuvo una de la experiencias colectivas más interesantes de las últimas décadas con la multi artística ‘Típica en Leve Ascenso’,  y luego la autogestión del teatro ‘El Callejón de los Deseos’  en el Abasto, ¿qué le dejaron esas experiencias? ¿Se podrían repetir?

– Eso nunca se sabe. Si tengo oportunidad volvería con las andanzas de Alberto Carlos Bustos, una serie fabulosa de espectáculos de poesía, música, canciones y pintura en la compañía de verdaderos artistas.

-¿Qué se lo impide?

-Nunca me facilitaron nada. Ni un mísero crédito… Me premian con títulos “Embajador cultural” “Ciudadano notable”, que se suman a los más de 130 premios que tengo como mejor actor aquí y en el mundo. Ahora me tocarán los premios  “Mejor actor de reparto” y luego los de “Trayectoria”, los acepto con el mismo agradecimiento, aunque no me considere mejor que nadie.

-Donde parece haber encontrado el camino allanado para su regreso a la televisión argentina diaria es con La Leona, tras 17 años de ausencia en ese formato. ¿Qué tiene la novela que lo convenció?

-Está a la vista: la posibilidad de hacer un gran trabajo, que a juzgar por la devolución del público, estoy logrando entre otros grandes trabajos, Que, tras tanto tiempo, dos generaciones que han oído hablar de mí, pero no me han visto trabajar, sepan que existo y que soy una opción. Probar mi ascendente en el trabajo de mis compañeros, que fue grande y prolífico; trabajar en la mejor ficción que hoy existe en pantalla chica con diferencia en actuación, dirección, arte y escenografía… y vivir, que no es poco.  Yo nunca tuve la oportunidad de ser turista por simple placer. Todo lo que viajé, y fue mucho, lo logré trabajando. Disculpen si no colaboro con el mito del actor potentado. No es mi caso.

¿Es un condimento particular compartir escenas con Paula Cancio, su pareja,  en la televisión argentina?

-Ha sido bonito. Ella se sintió querida, respetada y escuchada; algo muy importante para quien recién va haciéndose una idea de lo que es trabajar en la Argentina. Se ha sentido como en casa…

-¿Prepararon las escenas juntos?

-No, sólo la letra, si es lo que se quiere saber. Eso es una ventaja, ¿no le parece?

-Klaus Miller permite explorar el lado oscuro del ser humano, ¿cuál es el suyo?

La incapacidad de ser Klaus Miller. Yo no soy un actor de método. Soy intuitivo, con un agudo sentido de la observación y un experto en puzzles en tres dimensiones. Mi lado más oscuro se refiere a mi salud. Pero no voy a extenderme en eso.

-¿Qué siente componiendo este personaje malvado, que representa, entre otras cosas, la codicia y la falta de moral?

-Yo creo que los personajes, como los hombres, siempre están comprometidos con la verdad o con la mentira. Y creo que esa actitud no cambia a lo largo de sus vidas. Como en la vida, creo en la necesidad de dejar patente que los caminos que transita este tipo de gente como Miller, son elegidos, no obligados por la circunstancia externa.

Un riesgo más en un actor que pudo vivir tranquilo de un enorme prestigio en España, ganado desde cero cuando emigró con una mano atrás y otra delante, y en donde aún se lo recuerda por las películas Sé quién eres y La playa de los galgos, o la serie Desaparecida, una jugada más hacia el futuro  que tomó con toda su familia ahora instalada en Buenos Aires.

El amor en tiempos maduros

-Ud. parece una persona decidida a tomar riesgos, ¿cuál sería su mayor desafío?

-Nunca hice publicidad. Ni apadriné “escuelitas”, previo caché. Ni hice publicidad oculta en televisión. Ni fui a firmar autógrafos a boliches explotando indecentemente mi imagen. No me parece digno de un actor que eligió buscar la verdad en cada trabajo. Trabajé para Madres –de Plaza de Mayo-, Abuelas –de Plaza de Mayo-, Derechos humanos, escuelas, hospitales, inundados, excluidos, discapacitados, minorías en peligro de extinción, sin cobrar jamás un céntimo. Señalé a corruptos, asesinos y estafadores del país. No formo ni formé parte de un partido político, con sus consecuentes desventajas acumulativas. Nunca acepté nada del Estado, que no fuera trabajo en dos oportunidades y con un sueldo muy bajo. Mi trabajo fue siempre el mejor que pude dar. Digo sí al trabajo limpio. No al sucio. Ese es el riesgo que asumo: hacerme la vida difícil a mí mismo. No espero medalla alguna, ni que se acuerden.

-Alguna vez escuché que le gusta mucho escribir, que de esa manera conquistó a Paula, ¿qué significa para Ud., un actor que vive en la palabra recitada, la palabra escrita?

-La palabra dicha es completar la misión de la palabra escrita. Escribo para mi boca, para poder decir con mi boca lo que los dedos al escribir inventan. Escribo poesía, prosa, espectáculos musicales, compongo canciones y me divierto como un loco haciéndolo.

– ¿Hay diferencias cuando uno se enamora a los sesenta que a los treinta?

– Sí. Ya se sabe que todo se termina alguna vez. A los treinta sólo se sabe que se vive.

– ¿En qué cosas siente que creció, y qué aprendió junto a Paula?

-Estoy enamorado y eso siempre es crecer. Y ese amor me lo inspira ella desde que la conocí. Aprendí de ella que se puede conocer gente mucho mejor, que eso no se agota.

– Si tuviera que elegir un amor, ¿cuál sería?

– El que hay; el que es verdad. Este que tengo, huelo, toco, beso y del que entro y salgo todos los días, cansado y feliz.

TEXTO: Mariano Oropeza (ESPECIAL)

Una historia que no envejece

Hay récords que suman vanas estadísticas. Y hay números que convocan felicidad. Más de un millón y medio de personas se conmovieron, lloraron, rieron y se enamoraron de Dalmacio y Eloísa a partir de un tímido estreno en la ciudad de La Plata, hacia 1996. Hoy: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain vuelve porque es “la obra más bonita de la cartelera”, asegura Miguel Ángel  Solá  respecto de su criatura teatral, que retornó en 2015 y ahora anda suelta por las rutas nacionales. El actor agrega: No son palabras sólo mías; repito lo que la crítica dijo, lo que la gente a la salida del teatro dice, lo que los colegas más importantes y respetado argumentan. Puedo citar frases: “Vuelvo a verla porque me hace bien”; “Ya he estado 12 veces en esa master class de teatro”; “Es una delicia para el espíritu saber que esta obra existe”; “Acaricia a contrapelo la lastimada condición humana”; “Todo teatro. Todo a la vista. Es el mayor striptease de amor que me ha tocado vivir”. Estas han sido voces importantes porque vienen desde Alfredo Alcón hasta Eduardo Galeano; y dichas  en salas de dos continentes. Desde las trescientas críticas hasta los casi cuarenta premios otorgados aquí y allá, sin Twitter, ni Facebook, ni Instagram. Es la prueba fehaciente de que el teatro es belleza”, afirma el actor quien destaca la vigencia de la pieza en “grandes trabajos en todos los rubros, sencillez, alegría de estar vivos, aceptar que se puede contar una historia sin insultos al otro, sin burlas, contando con el otro. Hablamos de una historia única de amor incondicional, que narra el paso del tiempo y las relaciones humanas con respeto, admiración, en la definición certera del otro, que es, casi, uno mismo. Siento que la obra tiene un algo profundamente sanador porque fue escrita por nosotros, entre otras cosas, para eso. Para comprender la validez de todo lo vivido”, concluye.

La nueva versión cuenta además con Paula Cancio, su actual pareja, con quien ya había trabajado en ‘Testosteron’, en España, en una nueva puesta que incluye escenas agregadas, con un mayor desarrollo de los personajes, nuevos textos para entender ese amor en más sutilezas, con otros vuelos, y música nueva.

– ¿Montar la obra con otra actriz sería lo mismo que con Paula?

“No, claro que no”, exclama el actor y remarca, “somos dos enamorados que colaboran aportando ese amor al juego, y una suerte de conocimiento de los tiempos del otro, que no suele ser común. Quien vió esta versión entiende con claridad la envergadura  actoral de Paula”, advierte Solá.

rutas-argRutas argentinas hasta el fin 

Desde los años noventa, Miguel Ángel Solá no estaba tanto tiempo en los rutas argentinas. Él, que estaba  acostumbrado a girar en la península ibérica en la última década. Y la natural curiosidad e ímpetu del actor van adelante pese a que “tengo un gran cansancio. Las giras son agotadoras. Pero por otro lado, curiosidad por conocer la evolución de teatros y públicos después de tantos años. Y el placer intenso de llevar a hogares de otros lo mejor que sabemos hacer, para que esas puertas vuelvan a abrirse la próxima vez, sabiendo que vamos a ser recibidos de acuerdo a lo que hemos sido capaces de dar en Hoy: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain”, señala entusiasmado Miguel Ángel Solá, quien anhela engrosar “cientos de anécdotas entrañables de la Argentina. Cito una reciente: en la localidad de El Bolsón no hay teatro. E hicimos la obra en la escuelita. Cuatrocientas personas colaboraron para armar el escenario y los precarios camarines, las luces, el sonido.  Luego de irse a bañar, reaparecieron a la hora de la función, tras caminar cuadras de barro, con lluvia, con sus respectivas sillas para contemplar un espectáculo que aplaudieron, llorando y riendo sin parar durante más de cinco minutos. Fue el espejo nítido en el que se vio reflejado nuestro trabajo”, cierra con absoluto convencimiento el gran actor argentino.