La revolución de las simples cosas

La revolución de las simples cosas

tecnologiaLa tecnología avanza con ritmos acelerados, alcanza cada vez más dispositivos que emiten datos íntimos y pone en evidencia información doméstica que hasta hace poco parecía insignificante.

Por ejemplo, cuando el dentista indaga sobre la frecuencia con que nos cepillamos los dientes y respondemos lo que nos conviene, en un futuro muy cercano esa respuesta estará disponible en una página web , gracias a la información que registró el cepillo de dientes eléctrico. El dentista también podrá saber con precisión qué pasa en mi boca con cuatro caries y una muela que será reemplazada por otra de porcelana. ¿Esto es magia? ¿Hay una especie de ‘Gran Hermano’ que nos vigila día y noche? No, sucede que Internet “se mete” en las actividades domésticas y proyecta cambiar nuestra vida una vez más.

Hasta hoy, cada usuario decide qué subir a Internet, cómo y dónde compartirlo: una selfie, una nueva relación sentimental, la última mascota que llegó a la casa o la foto del postre que todos devoraron. Pero muy pronto la heladera tendrá incorporada una dirección IP en la red para subir información por su cuenta y el hogar se llenará de ‘paparazis digitales’: el televisor, la consola de videojuegos, la cámara de fotos, el microondas, el lavarropas, el lavavajillas y, también, el cepillo de dientes.

Se estima que para el 2020 habrá en el mundo aproximadamente 26.000 millones de dispositivos conectados con Internet, que coparán la red con información al instante. ¿En qué nos cambiará la vida a las personas? Prácticamente en todo sentido. Desde el valor de la póliza de salud, alertas sobre el funcionamiento del auto, las horas de sueño exigidas en el trabajo y hasta la posibilidad de que la empresa de electricidad desconecte el lavarropas si la demanda de energía está por colapsar en el barrio.

La hipótesis más optimista del IOT (Internet Of Things) promete que si todas las cosas del mundo están trackeadas, se podría orientar el stock de todos los bienes de manera tal que no falte nunca nada en ninguna parte: libros, comida, medicinas y hasta la luz. Pero el usuario se verá cada vez más forzado a compartir información de su comportamiento cotidiano.

Los mayores avances en referencia a Internet aplicado a las cosas se pueden ver en las grandes fábricas (para controlar maquinarias y mercaderías) y en el marketing, en la relación de las marcas con los usuarios. Los especialistas en este rubro explican que las empresas estaban acostumbradas a hablar con el cliente cuando éste tenía una queja sobre el producto, pero en adelante, serán los propios aparatos los que envíen automáticamente información de su comportamiento. A eso se le suma el monitoreo de las redes sociales, con lo cual las grandes compañías pueden tener una idea mucho más precisa de quién compra, cómo lo usa y cómo le resulta la experiencia.

Es importante entender la importancia que tiene estandarizar la información, es decir que  básicamente, todas las heladeras del mundo hablen el mismo idioma, al igual que las máquinas de rayos X o los sensores de las bujías del auto. ¿Pero qué pasará con quien se niegue a compartir información de su intimidad?.

La revolución que supone Internet aplicado a las cosas puede ir mucho más allá de la información que el usuario acepte compartir. “Mientras más cosas estén conectadas, más cosas se van a trackear y la cuestión es cómo hacerlo menos invasivo o incómodo. Hay que ser muy transparente con lo que se va a hacer con esa información, porque una vez que se viola la confianza, no hay vuelta atrás”, aseguran los especialistas que ven más allá de las simples cosas.