Infancia, la edad de oro

Infancia, la edad de oro

edaddeoroEl Día del Niño es una de las efemérides más celebradas entre nosotros. Ellos ocupan ‘el centro de la escena’ y los adultos, a veces demasiado presionados por las urgencias cotidianas, reviven en estas ocasiones, el compromiso de brindarles una infancia feliz.

Es un día de fiesta, regalos y alegría, pero también la oportunidad de reconocerlos en sus potencialidades y dificultades para verlos crecer sin límites ni trabas. Y también aprender de ellos a preguntar, asombrarse, seguir el instinto, vivir el momento y sentirse orgullosos de sus logros… Estas son lecciones vitales que los adultos podemos aprender de los niños con sólo regalarles tiempo y afecto.

La infancia  es “la edad de oro”; una edad en la que es posible crecer, desarrollarse y aprender con naturalidad, sin ningún esfuerzo, en la que descubrir el mundo es apasionante. Los niños viven el momento con total intensidad, sin reservarse nada para después; ponen toda su energía, empeño y corazón cuando están corriendo, cuando construyen una torre con piezas de madera. Viven en presente sin  preocuparse por el futuro.

No les da vergüenza admitir que no saben esto o aquello; son capaces de preguntarnos el porqué de todo y siguen adelante. La naturalidad con que juegan, se caen, se levantan y se vuelven a caer como si nada hubiera pasado es una verdadera maravilla. Tampoco les importa que las zapatillas se rompan y los vestidos o pantalones se manchen. Un rasguño es la oportunidad para demandar una oportuna caricia y ya está… ¡El juego continúa!

Los chicos saben expresar los sentimientos y no tienen miedo ni vergüenza, son capaces de llorar en público, de reír a carcajadas, de entregarse a sus emociones. Y no esperan a que los adultos les adivinen los sentimientos: si quieren un abrazo,  un beso de buenas noches, un consuelo… lo piden, y así la vida es mucho más sencilla.

Los niños siguen siendo nuestros maestros. ¡Feliz día para todos ellos!