Hábitos anti-edad

Hábitos anti-edad

antiedadNo se puede detener el paso del tiempo, pero sí mejorar el aspecto físico para sentir que podemos ‘quitarnos algunos años de encima’.

¿Cómo? ¿Con cirugía estética? ¿Bótox? ¿Comprando cremas y más cremas? ¿Deslomándonos en el gimnasio? No. El secreto radica en modificar ciertos hábitos cotidianos y transformarlos en medidas antienvejecimiento.

No es fácil ni difícil: sólo hay que ponerle ganas. “La primavera es una buena época para comenzar con el entrenamiento”, dicen los especialistas que aconsejan seguir los siguientes consejos:

Dormir más.

Las estadísticas aseguran que son más de dos millones los argentinos que sufren insomnio. Y el resto, aunque se les cierren los ojos, se queda viendo televisión hasta pasada la medianoche aunque haya  que madrugar al día siguiente. Son insuficientes las horas de sueño (entre 7 y 8 son necesarias) y esta carencia acelera el envejeciendo del rostro. Así lo demuestra un reciente ensayo científico patrocinado por los laboratorios cosméticos de la firma Estée Lauder. Según sus hallazgos, la piel de las personas insomnes presenta una menor capacidad para recuperarse de la exposición diaria al sol que la piel de las personas que duermen las horas necesarias. Como consecuencia, las primeras presentan más signos de envejecimiento prematuro que las segundas.  Y a esto se suma que, la falta de sueño disminuye la producción de estrógenos y progesterona, hormonas que activan los mecanismos naturales de reparación de la piel.

Para evitar estos estragos es importante organizarse para acostarse antes por las noches y dormir una siesta corta, siempre que el horario laboral lo permita.

Seguir la dieta mediterránea.

La alimentación es otro factor que influye en nuestro aspecto: la falta de vitaminas resta luminosidad, el exceso de grasas nos hace ganar kilos y aparentar más años.

La influencia de la dieta mediterránea en los telómeros (que son los extremos de los cromosomas, que protegen los códigos genéticos) no deja lugar a dudas ya que sus efectos en las personas demuestran mantenerlas genéticamente más jóvenes. ¿Conclusión? Ningún alimento rejuvenece; sólo se trata de evitar que el envejecimiento se acelere. Para que los años no nos ganen la partida debemos aumentar nuestro consumo de fruta, verdura, legumbres y aceite de oliva y disminuir las friuras, los hidratos de carbono y la carne roja. Otro beneficio de consumir más alimentos verdes es que su fibra dificulta la adhesión de la placa a los dientes, por lo que los mantiene más blancos, otro detalle que también nos hace parecer más jóvenes.

Además hay que procurar comer con poca sal. Esta no es necesaria, porque la que contienen los alimentos de por sí ya es suficiente para que nuestro organismo funcione bien, y su abuso favorece la retención de líquidos y la formación de bolsas debajo de los ojos, lo que también avejenta nuestro aspecto.

Otro hábito fundamental y saludable es tomar mucha agua: hasta tres litros diarios. Sus efectos beneficiosos radican en la ausencia de ojeras, bolsas y  manchas en la cara, de manera que el cutis luce más luminoso. ¡Es más fácil tomar agua que hacerse un lifting!

Controlar el consumo de alcohol.

El abuso de bebidas alcohólicas produce deshidratación cutánea, causa la aparición de pequeños capilares y aumenta la producción de radicales libres (moléculas que producen oxidación), que aceleran el envejecimiento. Además, por el daño tóxico que causa en el hígado y en los vasos sanguíneos, hace que la piel se ponga flácida, se afine y pierda luminosidad. Todo eso conlleva a que la persona que bebe presente un aspecto cansado y aparente muchos más años de los que realmente tiene.

Practicar ejercicio de forma habitual.

Lo ideal para restar años a nuestro aspecto y sumarlos a nuestra vida no consiste en matarnos en el gimnasio durante tres horas seguidas una vez a la semana, sino en hacer ejercicio moderado a diario. Para comprobarlo, se tomaron biopsias de la piel de un grupo de personas sedentarias mayores de 65 años y comprobaron que, dada su edad, tenían el estrato córneo (la capa externa de la piel) gruesa, mientras que su dermis (la capa interna) estaba muy fina. Este adelgazamiento es el que hace que la piel se vuelva frágil y se formen las arrugas.

Si se instrumenta un programa de entrenamiento dos veces a la semana, la piel nos dará una sorpresa: signos de envejecimiento inverso; es decir, la capa externa se afina y la interna aumenta su grosor, lo que disimula notablemente las arrugas y la flacidez no solo de la cara, sino también de los muslos, los brazos y el abdomen.

No fumar.

Esta es otra saludable medida para mantenernos jóvenes. El tabaco disminuye la circulación sanguínea en los tejidos, por lo que resta elasticidad y luminosidad a la piel, debilita el pelo y las uñas y pone los dientes amarillos. Tanto es así que un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ratifica que por cada 10 años que una persona fuma, envejece dos y medio más que si se mantiene alejada del tabaco. Al dejar de fumar no solo se gana salud; también se prolonga la juventud.

Protegernos del sol.

El principal agente externo del envejecimiento prematuro es la exposición a los rayos del sol, que destruyen el colágeno y la elastina de la piel y, por consiguiente, disminuye el soporte estructural de la misma. Para prevenir estos efectos, la solución es aplicar crema protectora de uso diario, incluso los días nublados, en todas las zonas que se lleven descubiertas: cara, cuello, manos, brazos…

Relaciones sexuales frecuentes.

Nada de una vez al mes, como aseguran que lo hacen el 37% de las mujeres casadas. Hay que practicar el sexo tres veces a la semana porque se ha descubierto que al hacer el amor se libera la hormona del crecimiento, que ayuda a mantener la piel más elástica, y se activa la circulación sanguínea, lo que aumenta la luminosidad cutánea. “Además, al practicar sexo ejercitamos el suelo pélvico, que ayuda a prevenir las pérdidas de orina al toser o al subir escaleras, que se hacen más frecuentes con el paso de los años”, sostiene la sexóloga Carmen Spiria. “Efectivamente, la actividad sexual puede equipararse a una práctica deportiva más, que favorece la conservación de la masa muscular que el ser humano pierde con los años. Y también levanta el ánimo y mejora la autoestima, por lo que ayuda a afrontar el paso del tiempo con un espíritu más joven”, advierte la profesional.

Reducir el estrés.

El estrés empuja a envejecer de forma prematura. ¿Cómo hacerle frente? Seguir un estilo de vida saludable, salir con amigos, tener hobbies, escribir lo que sentimos, hacer ejercicios de respiración y plantearnos lograr metas con alegría y no con angustia, son sistemas muy efectivos para controlarlo.

Caminar erguidos.

A medida que vamos cumpliendo años tendemos a caminar echados hacia adelante, lo que nos hace parecer mayores. Caminar derechos, manteniendo los hombros ligeramente echados hacia atrás, ayuda a generar bienestar personal y optimismo, dos sensaciones que rejuvenecen de cara a uno mismo y a los demás.

Restringir el uso de la computadora y el celular.

Según las conclusiones de un estudio reciente, realizado con pacientes de entre 18 y 39 años que consultan estos aparatos alrededor de 150 veces al día, mantener el cuello torcido para ver la pantalla crea arrugas en la barbilla y el cuello. ¿Las claves contra estos estragos? No abusar de estos aparatos y consultarlos manteniéndolos siempre a la altura de los ojos.

Cuidar el cabello y las uñas.

“Una buena alimentación acompañada de cuidados adecuados, y pocos ‘castigos’, mantienen el cabello más joven”, afirma la estilista María Pilar Mateos. “Hay que evitar el uso del secador siempre que nos sea posible y cuando lo utilicemos, mantenerlo a una distancia mínima de 20 centímetros, además de no excedernos con las tinturas y otros procedimientos invasivos. En cuanto a las uñas, protegerlas con esmaltes específicos es la medida ideal para prevenir que se vayan poniendo frágiles con el paso de los años”, concluye la especialista.

Reírse mucho.

Las personas con semblante risueño parecen más jóvenes. Además, la risa disminuye el nivel de cortisol, que es la hormona del estrés. La sonrisa, aunque sea forzada, nos hace más resistentes al estrés tanto psicológico como físico. Esta es la razón por la que a la vuelta de unas vacaciones o escapadas cortas nos sentimos rejuvenecidos. La sonrisa hace la cara más simpática, más jovial, aunque forme arrugas en la cara. “Al reírnos se produce una contracción muscular alrededor de los ojos y las mejillas y a medida que pasan los años, esta contracción hace que la arruga también se marque en reposo, a diferencia de las arrugas del entrecejo, que sí envejecen, porque evocan enojo o tristeza. “, sostiene la dermatóloga Olivia Baronetto. Hay que preocuparse menos y sonreír más.