Enemigos cotidianos

Enemigos cotidianos

nota-qidaSe denominan asesinos de la productividad y reconocerlos es el primer paso para lograr una relación laboral más saludable. En empresas chicas, medianas o grandes, nadie queda al margen de estos factores que se materializan a través de acciones, modos y personas que generan dificultan en el trabajo y atentan contra el bienestar personal.  Cómo contrarrestar sus efectos y recuperar el entusiasmo  en la oficina.

Tener un empleo equivale necesariamente a trabajar, y qué se puede hacer para prevenir el aburrimiento en el trabajo. Mientras el estrés laboral es foco de numerosos libros, investigaciones y artículos en medios de comunicación, se ignora o para muchos pasa desapercibido el fenómeno opuesto: empleados que se aburren y usan el tiempo en leer diarios, ver sitios de Internet, chatear y hasta hacer apuestas online. Un ejemplo de estas conductas puede constatarse a través datos que arrojan las encuestas: En Estados Unidos, el 60 por ciento de las ventas por Internet se producen desde las 9 de la mañana a las 5 de la tarde, horario que ocupa la jornada laboral estándar.

La desmotivación laboral es un fenómeno muy extendido y fácil de percibir, especialmente en los organismos oficiales y aunque se advierte que en la actualidad los empleados “dedican” entre una hora y media y tres horas al día en “poner su mente en blanco”, un informe reciente de la Asociación Internacional de Directivos de Recursos Humanos, originado en sondeos de opinión de Gallup, solamente el 13 por ciento de los empleados de 142 países tienen efectiva vinculación y compromiso con sus trabajos.

A primera vista, recibir un salario mientras se ocupa buena parte de la jornada laboral a cuestiones personales parece ser una situación ideal, pero el tedio que genera es uno de los principales enemigos del bienestar laboral. “Hay muchos estudios que demuestran la relación entre el nivel de desafío y la percepción subjetiva de bienestar. Es evidente que un objetivo inalcanzable o un exceso de diversificación en las tareas puede generar estrés. Sin embargo, la rutina y la ausencia de desafíos convierte el trabajo en un suplicio. El aburrimiento es el peor enemigo de la motivación”, señala María Belén Varela, especialista en Recursos Humanos.

La principal motivación, en estos casos de escaso compromiso ‘es hacer que parezca que estoy trabajando’. Las apariencias están por encima de la realidad, el enojo prima sobre la claridad y el reglamento por encima del desempeño. Para quien se ha desempeñado durante años en trabajos de oficina, hay algunos trucos que forman parte de una postal cotidiana: dejar el saco permanentemente colgado en la silla para que parezca que es el primero en llegar y el último en salir de la oficina es uno de esos trucos a los que echan mano quienes, por la inercia continua, se convierten en referentes del compromiso escaso o nulo con su responsabilidad laboral.  

La pantalla de la computadora es la herramienta perfecta cuando se trata de cubrir las apariencias y es el ejemplo más contundente de la falsa relación entre trabajo y productividad. Pero la inactividad no siempre es fruto del descontento; a veces no tener suficiente tarea es la razón principal para perder el tiempo.
¿El jefe tiene la culpa?

qida-nota-2“Si se entiende que la primera responsabilidad de un jefe es dirigir a las personas, es muy grave tener en el equipo gente que se aburre y no enterarse o, peor aún, saberlo y no hacer nada”, señala Varela, quien además enfatiza que la principal función de un directivo es conseguir que los objetivos de cada persona estén en equilibrio con sus capacidades para que constituyan “un desafío cotidiano, una oportunidad para aprender e innovar”. De todas formas, apunta la especialista en Recursos Humanos, escudarse en un mal jefe para aburrirse es una mala estrategia de bienestar: “el aburrimiento es enemigo de la felicidad y está en nuestras manos buscar la mejor forma de aportar valor a la organización”.

La desidia es más explícita cuando se trabaja donde no hay una relación clara entre el tiempo invertido y los resultados. Por eso las grandes organizaciones y el sector público son terreno fértil en este sentido. “Más que el tamaño de la empresa, el problema reside en la organización de los procesos y la dimensión de los equipos”, dice Varela. “Es más probable aburrirse en trabajos organizados en serie o en cadena que en equipos orientados a proyectos, con una misión clara y objetivos que permitan a los involucrados comprobar su avance”.

La mayoría de quienes trabajan en relación de dependencia han tenido que enfrentarse alguna vez a la orden de un jefe sin poder negarse, aunque esa orden fuera contraria a sus deseos o razones. O aceptar la orden de alguien con autoridad que merecía ser rechazada.

La historia cuenta que los grandes personajes que lograron algo importante en la vida fueron personas que en vez de decir “sí”, dijeron “no”, sin embargo la dificultad de decir “no” en situaciones cotidianas crea mucha ansiedad en las personas que se sienten culpables si dan una respuesta negativa a cualquier orden, favor o ayuda que alguien pida. Este es un claro síntoma de que son numerosas las personas que aún necesitan aprender técnicas para reforzar su propia identidad y cómo decir “no” sin sentir culpa.

A la hora de decir “no”, lo más adecuado es no dar muchas explicaciones porque, al hacerlo, pueden confundirse con excusas. La principal táctica es ofrecer alternativas a nuestra negación, basadas en la frase “No, pero…” Sin embargo, dar una negativa es un derecho que todos tenemos, y, a la vez, una habilidad que es necesario aprender con la práctica. Decir “no” es una reafirmación de la personalidad y de la propia identidad. Si obedecer una orden implica hacer algo en contra de nuestra voluntad nos hará sentir inferiores por ceder nuestra voluntad a los deseos de los demás y arriesgarnos a ser manipulados y chantajeados.

Con esta actitud, está en juego el respeto que cada uno se debe a sí mismo porque afecta a la autoestima. Para protegerse de esta debilidad es básico analizar las emociones que impulsan a atender siempre peticiones o favores: miedo a que los demás nos dejen de querer o se enojen; a parecer egoístas o malas personas; a sentirnos culpables; a decepcionar; o a crear un conflicto en la relación laboral.

Si se puede eliminar estos miedos, la sensación es más valiosa porque expresar una respuesta negativa refuerza la personalidad individual. Poner límites a las demandas de los demás –y a nosotros mismos– hace la vida más tolerable. El primer paso es descubrir que existe una gran diferencia entre querer complacer a todas las personas cuando uno no debe y ayudarlas cuando uno puede. Lo que está claro es que nunca se puede agradar a todos.

Identificar los problemas

qida-nota-3Cualquiera sea el tamaño de la empresa, nadie está exento de los asesinos de productividad. Son acciones, modos o personas que tiñen la atmósfera de gris y que dificultan el trabajo y el bienestar. Especialistas en desarrollo y cambio organizacional identifican a los principales factores de conflicto y proponen atajos para contrarrestarlos

 

-Juegos de poder. Se genera por varias razones, sea el amiguismo, sea un liderazgo que requiere de estas prácticas para poder sobrevivir y sostenerse en el tiempo. En las empresas se pierde mucho tiempo en el juego del poder y “el radiopasillo” es una de las prácticas más habituales y dañinas en al armado de tramas infundadas.

Discriminación o falta de diversidad. brindar más espacio a las mujeres en equipos directivos es un objetivo largamente enunciado, pero con escaso cumplimiento, todavía. Esto trae mayor diversidad no sólo de género, sino de ideas, ya que los puntos de vista y la sensibilidad femenina  genera más empatía con su consecuente eficiencia en el trabajo directivo.

-Reunionitis aguda. Las oficinas están repletas de reuniones permanentes sin agenda y sin sentido. Solución: reuniones cortas, de pie para que no duren más de una hora, ya que nadie aguanta tanto tiempo.

Falta de motivación y espíritu crítico. En las organizaciones, mucha gente está en modalidad de piloto automático, regulando esfuerzos y con un bajo nivel de compromiso porque sienten que el contrato tácito que construyeron con su empleador está quebrado. Puede generar que se anule la creatividad y un sentimiento de injusticia.

-Falta de visión. La productividad se ve afectada cuando falta una visión que inspire a la gente a dar el 100% porque quiere y no porque se lo piden o habrá consecuencias si no lo hace. Otorgar poder para adueñarse de su trabajo, es involucrar a las personas en los procesos de toma de decisión.

Emprendedores :: Otra lucha, otro proyecto

Emprender no es nada fácil porque significa asumir un reto, apostar tiempo, energía, talento y recursos. Es necesario reconocer y premiar el coraje y el esfuerzo de los emprendedores porque son ellos los que sostienen la trama empresarial y comercial en sus distintos estamento a partir de sus cotidianas madrugadas cargadas de incertidumbres, angustias, de la necesaria “lucha” con los competidores del mercado y haciendo frente a los compromisos fiscales y a los desvelos de cada día, por conseguir los resultados para seguir creciendo.

Sin embargo, y a pesar de los entusiastas rótulos que suelen acompañar a los actos de emprendedurismo a nivel social y político, poco se habla del día a día de estas personas que lo apuestan todo por una ilusión. Ellos no se conforman con la seguridad de un puesto de trabajo mas o menos bien remunerado, sino que son quienes se la juegan para encarar un sueño que se convierta en la herramienta de una mejor calidad de vida propia y de los demás.

Cada día, miles de personas anónimas depositan su esperanza, su ilusión y su talento en el simple acto de constituir un proyecto empresarial con un propósito fundamental: generar riqueza y prosperidad. Cada año, en nuestro país, son muchos los que inician un viaje de riesgo, incertidumbre y coraje que los llevará por el camino del aprendizaje, la experiencia, el desarrollo personal y profesional y quizás la consolidación de un sueño que se traduzca en crecimiento, reconocimiento y expansión.

Emprender no es fácil porque significa apostar tiempo, energía, talento y recursos por una ilusión. En los tiempos actuales, donde el entorno muestra una competencia tan intensa a nivel global, sólo los que desean con todas sus fuerzas que sus proyectos se hagan realidad son capaces de jugársela, endeudarse, invertir, aprender de los errores y mejorar continuamente para conquistar nuevos clientes y mantener a los que ya han convencido con el fruto de su trabajo.

Las creaciones o desarrollos exitosos necesitan mucho más que una idea brillante; requieren perseverancia, voluntad, coraje, disciplina, rigor, humildad, vocación de diálogo, capacidad para escuchar los dictados del mercado, a los proveedores, al equipo de trabajo y a también a las demandas de la sociedad a la que pertenecen. Porque fueron muchos los que tuvieron la idea de la lámpara incandescente,  pero fue Edison el que se animó a hacer más de mil intentos y fundir otras tantas bombitas para lograr que la primera funcionara durante más de 24 horas seguidas.

Y  tampoco bastan las habilidades técnicas ya que por sí mismas no son garantía de éxito.

La inteligencia emocional y psicológica es cada vez más importante, como así también la fuerza interior, la actitud positiva y la solidaridad son hoy activos fundamentales en el ejercicio de emprender. Pero también lo es, brindar a los que se inician la oportunidad de conocer a otros que pueden contar sus experiencias de trabajo en este segmento tan particular y mostrarles el camino.