“En una gota de agua se encuentran todos los secretos del océano”

“En una gota de agua se encuentran todos los secretos del océano”

Así lo escribió el poeta libanés Khalil Gibran y en los millones de gotas que forman un océano se hallan todos los remedios para que la supervivencia de la especie humana sea posible: alimentos, recursos energéticos, sustancias para curar, mecanismos para equilibrar el clima… Los seres humanos procedemos de ese ecosistema marino, sin embargo, parece que olvidamos nuestro origen y nos empeñamos en agredirlo. Llegó el momento de devolver a los océanos el cuidado y respeto que merece.

oceanoEl mar nos da más de la mitad del oxígeno que respiramos, regula el clima y proporciona el pescado que comemos. Pero no le devolvemos nada, por eso los invitamos a bucear en las virtudes marinas para  despertar nuestra conciencia y responsabilidad.

Un mensaje que deberíamos transmitir de generación en generación es que el mar tiene la capacidad de regular la temperatura de la Tierra. Los océanos absorben el calor que desprenden los continentes, reduciéndolo de la superficie, lo que impide que nos quememos. En este sistema de refrigeración natural repartido por todo el planeta, el Ártico es nuestra fuente de aire acondicionado. Evitar el cambio climático y, por lo tanto, su deshielo, es clave para el confort humano. Pero mares y océanos tienen otra importantísima misión climatológica: son el basurero de CO2 más grande con el que cuenta la humanidad. Tiene la capacidad de absorber gran parte del anhídrido carbónico que se encuentra suspendido en el aire, evitando mayores repercusiones en la salud.

Un informe de la ONU , revela que el agua salada que nos rodea captura y almacena el 50% del total de las emisiones que el sector del transporte genera cada año en todo el mundo. Nos escandalizamos por los daños que provoca el tabaco pero no son nada comparados con los que provoca el CO2 en nuestros pulmones.

¿Cómo lo hace? El fitoplancton del océano (seres vivos vegetales que viven suspendidos en el agua) realiza la misma fotosíntesis que los árboles y plantas terrestres, obteniendo carbono base del CO2. Son el primer escalón de la cadena alimentaria marina: forman parte del menú del plancton y de otros organismos mayores que los ingieren con el fin de obtener ese dióxido de carbono. Este proceso provoca la retirada de CO2 del agua, que se almacena en los huesos y sistemas de organismos vivos que, al morir, caen hasta el fondo del mar, donde se solidifica sin causar daños ecológicos y se puede transformar en hidratos de metano que se disuelven lentamente.

Un mar de alternativas

Entre los otros muchos beneficios que el mundo marino ofrece a los seres humanos , se destacan  las distintas clases de energía que proporciona. Aunque guarda en su interior petróleo y gas, dos de los combustibles fósiles responsables en gran medida del cambio climático ya que su combustión libera dióxido de carbono a la atmósfera, la innovación científica ha desarrollado ingeniosas alternativas renovables que pueden contribuir a salvar el planeta.

Los expertos y las organizaciones ecologistas llevan años apostando por desarrollar otros recursos energéticos que supongan un costo cero para la salud de mares y océanos. La energía eólica marina es uno de ellos porque la velocidad del viento es mayor que en la tierra (un metro por segundo por encima del que se registra en las zonas costeras), ya que no hay obstáculos que lo frenen. Esto significa que en un grupo de plataformas eólicas marinas produce al año un 20% más de energía que tierra adentro.

Además, existen otras energías renovables marinas que se suman a la que proporcionan sus vientos: como la mareomotriz (obtenida de la fuerza de las mareas), la cinética contenida en las corrientes, la marmotérmica (que aprovecha la energía térmica del mar, basada en la diferencia de temperatura entre la superficie marina y las aguas profundas) o la energía undimotriz (que procede del movimiento de las olas). Todas ellas están aún en fases experimentales o iniciales y las organizaciones ecologistas como Greenpeace las apoyan, aunque con reservas: que no interfieran en los planes y políticas de conservación de las especies del ecosistema marino donde se establezcan.

Botiquín ilimitado

Decía la escritora danesa Isak Dinesen que “todo se cura con agua salada: con sudor, con lágrimas o con el mar”. Y aunque puede resultar exagerada la expresión, es verdad que en el mar nació la vida y allí se desarrolló durante mucho más tiempo que en tierra firme. El ecosistema marino tiene una densidad de microorganismos superior a la de una selva tropical. Para defenderse y sobrevivir en un entorno tan competitivo, sus seres vivos desarrollaron compuestos químicos mucho más sofisticados que en el hábitat terrestre. Y esas sustancias pueden servir a los humanos como remedio para tratar numerosas enfermedades.

El mar es una gran farmacia para los humanos . Aún falta investigar el 99% de las especies marinas conocidas pero, en la medida que van estudiándolas se registran otras desconocidas lo que permite acceder a nuevos organismos que  permitirán iniciar otras líneas terapéuticas. Nuevas vías para mejorar la salud de los seres humanos, para hacer posible el futuro de una vida que se abrió paso, precisamente, desde las profundidades del mar.

En sus escritos, el naturalista romano Plinio el Viejo ya hablaba del empleo de las toxinas de la raya para aliviar el dolor de muelas. “La naturaleza distribuyó medicinas por todas partes”, decía. Y efectivamente es así. Consumir pescado azul –caballa, sardina– también puede procurarnos grandes beneficios para la salud por su alto contenido en omega-3, un ácido graso esencial que el cuerpo no es capaz de sintetizar y que debemos aportar mediante la alimentación o con la ayuda de complementos nutricionales.

“Se ha demostrado que esta sustancia interviene en la formación de nuestro cerebro y de la retina ocular, además de regular la presión arterial y nuestros niveles de triglicéridos y permitir que nuestro corazón esté más sano. Por eso, tomar omega-3 es la mejor inversión en salud que podemos hacer para el futuro”, asegura la nutricionista Laura Jiménez.  La dosis diaria recomendada en la dieta es de 1,25 – 2,5 gramos de EPA y DHA, principios activos del omega-3. “Cuando hablamos de complementos enriquecidos con omega-3 es fundamental tener  garantía de estar consumiendo un producto de alta pureza”, advierte Jiménez.

Es nuestro turno

A pesar de todo lo que los océanos brindan a la especie humana, parecemos empeñados en acabar con los océanos. Desde tiempos inmemoriales, mares y océanos han sido la gran despensa de donde los seres humanos hemos obtenido lo necesario para subsistir. Según un informe de Oceana, organización dedicada a la conservación de ecosistemas marinos, el pescado es la fuente principal de proteínas para millones de personas, en especial, en los países más pobres. Y la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO) confía en que esas proteínas de origen marino serán uno de los recursos para luchar contra el hambre en el planeta.

Pero la sobrepesca es uno de los problemas más graves, porque “está cambiando completamente los ecosistemas y causando un gran declive de las especies”, asegura la bióloga marina Patricia Martí. “Estamos en un momento crítico, pero hay esperanza. Necesitamos hacer todo lo posible para preservar el medio marino, gestionando sus recursos y creando más reservas marinas realmente eficientes”, añade. Para no esquilmar los mares, muchos tienen en la acuicultura (técnica de dirigir y fomentar la reproducción de peces, moluscos y algas en agua dulce o salada) la gran solución azul.

Según el estudio La pesca hasta 2030, realizado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU en colaboración con el Banco Mundial y el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias , en 2030 casi dos tercios del pescado consumido en el mundo procederán de la acuicultura. Sin embargo, criar especies vegetales o animales en este tipo de granjas marinas obliga a respetar el sentido común. Greenpeace advierte: “El cultivo debe hacerse de modo controlado, no intensivo y en zonas que no estén protegidas porque puede destruir el ecosistema local”.

Muchos investigadores creen que es posible recuperar mucho de lo perdido, como puede verse en las reservas marinas donde no se pesca. En esos lugares la vida marina se regenera muy bien pero para ciertas especies ya es muy tarde. Hasta el momento, se ha conseguido proteger más de 400.000 kilómetros cuadrados de océano. Es una decisión con visión de futuro que llevan adelante países como Estados Unidos y Australia que entendieron la necesidad de proteger el mar para que nos dé mucho más. Esta es una de las asignaturas pendientes más importante, ya que solo un 0,5% de la superficie marina se encuentra protegida.

Pero en  esta causa los consumidores también deben comprometerse. En este sentido, las campañas de Greenpeace sostienen que hay elegir pescado sostenible,  que no esté incluido en la lista roja de especies en peligro. Además, es más fresco y genera una riqueza social y económica que permite que se siga viviendo del mar y que nuestros hijos puedan seguir comiendo productos del mar”.

El poder curativo de las medusas

El océano es la fuente actual de nuevos fármacos porque los extractos marinos son cuatro veces más ricos en sustancias medicinales y las especies marinas preferidas por los investigadores son los invertebrados.

Los briozoos (pequeños organismos similares al musgo y que viven en colonias) producen uno de los tipos de moléculas marinas más prometedoras y escasas, las brioestatinas: en el laboratorio, presentan actividad contra el cáncer de próstata y pulmón, la leucemia, el linfoma de Hodgkin y el Alzheimer. Las medusas también pueden ayudarnos, ya que su colágeno se aplica contra la artritis reumatoidea, al igual que las esponjas, que producen casi un tercio de los productos marinos farmacológicos. De ellas se obtienen desde antivirales a anticancerígenos, pasando por remedios contra el asma.

 Algas y peces cuidan la piel

Los organismos marinos han desarrollado mecanismos específicos de defensa para resistir las agresiones externas y regenerarse a sí mismos en el fondo de mares y océanos. Por eso, son poderosos activos que reparan y protegen la piel humana. Las algas son ricas en sales minerales, vitaminas y proteínas, y almacenan iones negativos que arrastran todos sus beneficios a las capas más profundas de la piel. Las proteínas y los polisacaridos del pescado son sustancias muy similares a las que nuestra piel pierde por culpa del avance de los años y factores externos como el tabaco, la contaminación y el estrés.

Sal y yodo para respirar mejor

Los iones que transporta la brisa marina estimulan la producción de serotonina, neurotransmisor cerebral que produce sensación de bienestar. Cuando el mar está agitado, la cantidad que libera es diez veces superior, por lo que esa relajación es mayor. Nuestra tensión arterial también contribuye a que alcancemos esa calma. El aire marino también está cargado de diminutas gotas de yodo que actúan sobre la glándula tiroides, encargada de regular nuestro metabolismo. Además, este elemento es uno de los integrantes de la sal, rica en oligoelementos y otros minerales, y un tesoro para reducir enfermedades dermatológicas y respiratorias.

Temor y fascinación

Origen de vida, escenario de nuestra propia evolución como especie, cuna de civilizaciones y fuente de recursos, el océano es el elemento fundamental del devenir de nuestro planeta y de sus esperanzas. A lo largo de la historia los mares y océanos se han presentado ante la humanidad como fuente de temor y a la vez de fascinación, despertando un interés entre el imaginario y la continua búsqueda de conocimiento bajo sus aguas. Frío, profundo, oscuro y salado, su inmensidad le convierte en un entorno hostil, pero a su vez en un progenitor capaz de cuidar y amamantar las criaturas más delicadas y vulnerables y de sostener el equilibrio más exigente sobre el que se apoya e interrelacionan multitud de procesos físicos, químicos y biológicos fundamentales para el funcionamiento de nuestro planeta.

(Francisco Torner,  director de Oceanagráphic)

 

-El mar es una gran farmacia y eso que aún falta por investigar el 99% de las especies marinas conocidas. Podría proporcionar un gran avance en fármacos y cosméticos.

-Son el basurero de CO2 más grande con el que cuenta la humanidad porque captura y almacena el 50% del total de emisiones que genera cada año el transporte en todo el mundo.