EL CONSUELO TAN BUSCADO

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EL CONSUELO TAN BUSCADO

EMPATÍA, LA MEJOR  HERRAMIENTA PARA ALIVIAR LAS PÉRDIDAS  Y DOLORES

Consolar quiere decir aliviar la pena o aflicción de otra persona,  buscando en todos los casos un resultado inmediato y paliativo. Hacerlo bien pasa por sentir empatía, poniéndonos en el lugar del otro para comprender  lo que siente, pero también, y muy importante, es por saber expresarlo. ¿Cómo hacerlo?

Domingo, tarde de fútbol… y de clásico. El plan es el mismo  para  muchos: reunirse con amigos o familia  a disfrutar el partido de fútbol  que  arrojará ganadores y perdedores (a no ser que haya un empate) y suele ocurrir que a muchos les tocará consolar a un amigo, pareja o padre decepcionado. ¿Cómo hacerlo?

En plena desazón por una pérdida, cualquiera sea la contrariedad, y las hay muy graves, muchos asumen el consuelo como  terapia de choque contra los sentimientos de tristeza y melancolía que  nos  asedian, ya sean  motivados por  una  razón  de peso o banal.  Aunque dicen que el que  no  se consuela es porque no quiere, el arte de desahogar a los de- más o incluso  a uno mismo  puede tener más técnica  de lo que a priori parece.

PROGRAMADOS PARA AYUDAR

Casi todas las personas tendemos a sentir empatía y compasión por los demás  y, por  ende, el impulso de ayudar a aliviar el dolor ajeno. “La capacidad  para  experimentar una motivación altruista que nos lleve a comportarnos en consecuencia viene en nuestro acervo genético, como también  la disposición a sentirnos mal cuando vemos sufrir a alguien”, explica  la  doctora Stella  Gaviria, profesora de Psicología Social.

La existencia de estas capacidades ha sido repetidamente comprobada en individuos de distinta edad y cultura, y en ese sentido, sí es inherente a la condición humana, aunque no exclusiva de nuestra especie: “Se fue desarrollando a lo largo de la evo- lución porque resultaba beneficiosa para los individuos y para los grupos en los que vivían”, cuenta la experta.

Lo que varía de unas personas a otras, no obstante, es la expresión de esa capacidad. “Hay personas  con una motivación altruista muy alta y personas  que  suelen  dejarse llevar por el propio interés”, prosigue. En estos casos, la sociología reconoce la paradoja del altruismo, según la cual, la diligencia en procurar bien ajeno en realidad no existe, sino que la gente ayuda a los demás por una motivación egoísta y para  obtener alguna recompensa, como el reconocimiento social, la satisfacción por haber obrado bien, el hecho de no sentirse culpable o, simplemente, por la activación empática que  se pone en marcha al percibir el sufrimiento del otro.

Aunque todos conocemos la teoría y principios básicos de lo que se pretende conseguir cuando tratamos de animar a alguien, a veces se obvia que lo más importante para lograrlo es que exista una coherencia entre los mensajes que le damos al afectado y lo que él percibe de lo que le estamos diciendo. Nos referimos a la congruencia entre la comunicación verbal, que es la que expresamos, y la no verbal o analógica, que es la que transmitimos con nuestros gestos y tono de voz. José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal explica cómo, para llegar a transmitir esa  tranquilidad empática necesaria en el proceso de consuelo, “existen una serie de indicadores corporales que podemos modificar a voluntad, con el fin de lograr un mejor  resultado”.

Entre los comportamientos señalados, el especialista adjudica mucha importancia y eficacia a los actos que contribuyen a tranquilizar a la persona que necesita apoyo,  como ser:

  • SENTARSE JUNTO AL AFECTADO
    Nunca es conveniente colocarnos al otro lado de una mesa para consolar a alguien, dado que ese lugar, enfrentado hará más complicado el objetivo. Lo ideal es situarse al lado de la persona, eliminando las barreras físicas comunicativas.

 

  • ABRAZAR AL INTERLOCUTOR
    El saludo  debe  ser de afecto  sincero para transmitir nuestra cercanía desde el primer instante, sin olvidar nunca que el poder de un abrazo no lo sustituyen las palabras. El tacto bien administrado siempre es positivo.

 

  • DEJAR HABLAR
    Practicar la escucha activa permite a la otra persona sentir que ella es la protagonista y que nuestra función es la compañía y la En este tipo de diálogo nuestro aporte está supeditada a las necesidades del otro, que es quien dirige la conversación.

 

  • ALARGAR LOS SILENCIOS
    Utilizarlos como otra forma de comunicación, empleándolos para escuchar y comprender lo que dice el otro, dándole tiempo a proseguir con su argumentación.

 

  • ‘SALIRSE’ DE LA PROPIA PIEL
    Es especialmente importante la empatía, que puede incrementarse imitando comportamientos, como la misma posición, los movimientos, el contacto visual,  la  velocidad del habla y volumen de voz. Mirar a los ojos y a la cara denotará sinceridad genuina en nuestras palabras y propósito

 

  • CONTROLAR EL ESPACIO
    Dado que el  tamaño del  espacio personal varía en cada uno, es importante advertir cuál es la medida de la ‘burbuja’ o distancia a mantener con  la persona para  que  se sienta  cómoda con nosotro

 

  • CUIDAR LOS GESTOS
    Nuestra expresión y postura ha de ser relajada para transmitir sereni Ayuda mantener los brazos abiertos, asentir levemente con la cabeza, no  cerrar los  puños,   así como mantener los pies bien equilibrados y  cuerpo hacia  delante, demostrando gran interés acerca de lo que la otra persona nos está contando.

 

  • LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE
    Mimetizarnos con el clima del otro ha de ser una de nuestras consignas. Para conseguirlo, otro truco consiste en incorporar en nuestro lenguaje las palabras y expresiones de nuestro interlocutor. Emplear el nombre de la persona a la que  deseamos consolar tiene  los mismos efectos que unas palabras mágicas y, por tanto, dirigirnos a ella con la familiaridad del  nombre es muy  recomendable.

El consuelo propio

Desgraciadamente, no siempre encontramos un hombro donde refugiarnos y donde aliviar nuestras penas. En algunas ocasiones, tenemos que enfrentarnos solos a los vaivenes de la vida, es decir, buscar nuestro propio consuelo. En estas circunstancias es cuando hay que bucear en nuestro interior y encontrar dentro de uno mismo los recursos necesarios para superar esta situación. Está permitido llorar, pero hay que buscar distracción y refugio en esas actividades que nos brindan placer y nos hacen olvidar nuestra aflicción. Pasear, leer, pintar, disfrutar de nuestra mascota o hacer deporte son algunas opciones a las que podemos recurrir como terapia para que nuestro pesar nos abandone.

El consuelo, ya sea a otros o a uno mismo, es un acto de generosidad. Aliviar una pena, empieza por no dejar al otro solo. Se trata de acompañar y de comprender. De dar y compartir. En esto consiste el arte de consolar.